A vueltas con España – Medidas verdades del Gobierno.


MADRID, 29 (OTR/PRESS)

Hay una serie de mensajes que está lanzando el Gobierno que o bien son poco creíbles, como aventurar un crecimiento del 0,7% en 2014, o bien encierran medias verdades. Se supone que el equipo de Mariano Rajoy lo hace con buena intención, con el propósito de animar un poco a la gente, y también con interés partidario, para recuperar la imagen del único partido que apoya al Ejecutivo. Vayamos por partes. Si el Gobierno aventura un crecimiento tan «alto» esta vez es para poder hacer los presupuestos, ya que si rebaja la previsión tendría menos ingresos y se le dispararía el déficit público, que incluso así sigue estando en el 5,8% del PIB, es decir, que a Rajoy le faltan 60.000 millones de euros, cifra que supera la recaudación anual del IVA.

Ya hemos visto qué significa en este difícil contexto hablar de crecimiento, presupuestos y déficit. También son importantes otras dos palabras «económicas» que el Gobierno reitera de manera insistente: productividad y competitividad. «La estabilidad de la inflación es imprescindible para recuperar competitividad», dijo la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, también vicepresidenta de la Comisión de Asuntos Económicos. «Sí, pero conseguida a través de la mejora de la productividad «buena» (con inversión, no con despidos)», replicó en Twitter el popular economista Santiago Niño Becerra, que remató su argumento de manera demoledora: no productividad obtenida a partir del empobrecimiento de la población. «¿O en el fondo tanto da?», se preguntó.

En un país en el que la reforma laboral aplicada a la crisis sólo ha servido para rebajar los sueldos, como algunos aventuramos, siendo conocedores de la agenda alemana para España, la productividad ha crecido por la destrucción de empleo, pero no por haber elevado el valor añadido. Es decir, la productividad por asalariado tiene sentido en la medida en que el valor añadido sea positivo, teniendo en cuenta que la forma más simple de calcularla es establecer la productividad del empleo, tomando el PIB, en términos reales, dividido por el total de horas trabajadas. Lógicamente, el incremento de la productividad impulsa el crecimiento de la economía, en la medida en que también se hace más competitiva, pero sólo podemos hablar de productividad «buena» cuando aumentamos la producción; no cuando disminuimos el número de efectivos. Algo parecido sucede con ciertos mensajes que llegan sobre la reducción de la tasa de paro, que poco valor tiene si viene por el lado de la caída de la población activa.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído