Isaías Lafuente – La vejez es un riesgo financiero.


MADRID, 9 (OTR/PRESS)

Hace poco más de un siglo, la esperanza de vida de un español en el momento del nacimiento se situaba en los 35 años. Si conseguía superar los cinco primeros años de vida, una verdadera criba en la que enfermedades hoy superadas acababan con miles de niños, entonces el horizonte vital llegaba a los 50. El siglo XX alumbró grandes conquistas en la carrera técnica y científica, pero sobre todo supuso, en los países desarrollados, la conquista de una vida más larga y mejor.
Ahora, en su último informe, el FMI advierte de que la vejez supone un «riesgo financiero» para la economía mundial. Hemos pasado así, por decreto, de concebir la ancianidad no como una oportunidad sino como un problema. No llega a la infame extravagancia del ministro de Finanzas japonés, Taro Aso, que invitó en enero a las personas mayores a «darse prisa y morir» para aliviar la presión sobre el Estado por el pago de su atención médica, pero el aroma que desprende el diagnóstico es también fétido.
Nadie puede poner en discusión que la prolongación de la vida supone retos importantísimos de todo tipo que el mundo debe resolver, pero nunca dejará de sorprendernos esta mirada siempre estrecha de los grandes organismos internacionales que para solucionar las grandes fallas del sistema siempre ponen énfasis en la parte más débil del sistema. Antes de llegar a los ancianos, el FMI podría denunciar y combatir otros riesgos evidentes del sistema como la economía sumergida, el fraude fiscal masivo, los paraísos fiscales, el injusto reparto de la riqueza, los extraordinarios bonus y jubilaciones de los directivos y la corrupción política, por cuyas cañerías se escapan ingentes recursos públicos.
Incluso podrían profundizar, en un sano ejercicio de autocrítica, en el riesgo que entrañan las grandes instituciones mundiales y nacionales que no supieron prevenir la crisis, ni la vieron llegar, ni están acertando en las medidas para resolverla que, en el mejor de los casos, están mejorando las economías de los países a costa de empobrecer a sus nacionales y recortar sus derechos Quizás si fueran capaces de conjurarse frente a esos riesgos, la vejez solo sería un reto, no un riesgo.

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