FEMEN. Las ninfas de lo oscuro.


¡Qué daño nos han hecho las dos legislaturas de Zapatero! Y no me refiero al caos económico cuyas consecuencias estamos pagando caro, consecuencias agudizadas por la falta de empatía del Gobierno al que como ha demostrado, le importan poco los 3000 ciudadanos que viven en la miseria –el doble que al principio de la crisis—, según la memoria de Cáritas presentada hoy. Esta noticia coincide con la que anuncia el “inicio de la recuperación de la economía”. Los datos de la memoria de Cáritas son demoledores y deberían sacar los colores a los dirigentes del PP, que ponían la línea roja en la educción, la sanidad y los servicios sociales; línea roja que se han saltado a la primera de cambio, y lo peor es que están dispuestos a seguir cortando el jamón hasta llegar al hueso. Está visto que Montoro, De Guindos y los banqueros van por un lado, y el resto de la sociedad y el papa Francisco, por otro. Hoy más que nunca vemos a los políticos en su burbuja, moviéndose al son de la plácida brisa, muy lejos de los ciudadanos que acuden a Cáritas. Pero hoy no voy a incidir en esto, sino en el título del artículo. Por eso empecé aludiendo a la gran herida dejada por Zapatero en el tejido social, al que inoculó en vena dosis de laicismo salvaje sin precedentes.

Lo que ocurrió ayer en el Congreso –y todas las ofensivas con las que amenazan—son la consecuencia directa de las políticas de aquel gobierno de feministas radicales, alimentadas en las ubres de Alicia Miyares, Celia Amorós, Amelia Valcárcel, y tantas otras ideólogas del nuevo concepto de “discriminación de la mujer” como argumento político. Como este tema ya lo he tratado ampliamente, no voy a extenderme.

La irrupción de ayer en el Congreso fue una vergüenza, de fondo y de forma. Las chicas “Femen”, con el torso desnudo, grafitadas con eslóganes como “In gay we trust”, al grito de “el aborto es sagrado” se merece un premio al esperpento. Y como a los periodistas nos va la marcha y el morbo –a ver cuándo nos lo hacemos mirar—, pues ya tenemos nuevas glorias del espectáculo televisivo. No cantan ni bailan, pero defienden el derecho a matar bebés en gestación, porque quieren ser dueñas de sus cuerpos serranos. Pero, ¿quién habla del cuerpo del bebé? Porque, raritas sí son, pero aun así, cuando se quedan embarazadas, su embrión o feto es humano y no lechuga, cucaracha o rata. ¿O sí?

Aparte de las ucranianas y las francesas, la nueva artistiña se llama Lara Alcázar. Asturiana, con piercing en la nariz y descaro hasta el insulto, es una fiel reproducción de la niña del exorcista. La corona de flores de colores que adorna su pelo no consigue dulcificar su rictus perverso. Y aunque no vomite verde, el mal impregna su discurso. Estas féminas son hijas y nietas –ideológicamente hablando—, de las locas de siempre de las campañas proaborto, pero más salvajes y con mayor apoyo mediático y social. A mí no me molestan sus pechos, sino sus corazones de piedra reclamando la muerte de inocentes.

Estas pobres chicas son pura equivocación que tendrían que darnos pena, si no fuera por el daño que hacen a la sociedad, sobre todo a jóvenes –ya han recibido cincuenta solicitudes— de ideas perturbadas, cuyos padres mamaron ya en las fuentes del relativismo moral. En general, son chicas manipuladas, en las que prenden fácilmente las ideas tóxicas de destrucción, implementadas por grupos de poder implicados en los grandes cambios morales, entre ellos, la animalización del ser humano. Estas chicas son de naturaleza exhibicionista; les encanta figurar y ser el centro de atención, y suelen tener problemas psicológicos y familiares.

Los partidos de la izquierda aplaudieron con gusto la iniciativa. Y en vista del éxito piensan repetir. Reciben entrenamiento militar, así que ya pueden nuestros policías andarse con ojo, no vaya a ser que una de estas ninfas de lo oscuro se magulle. Como vivimos en un mundo al revés, ya saben quién llevaría las de perder.

Y ante todo esto, ¿quién nos defiende? Echamos en falta una derecha defensora de los valores. El Partido Popular, víctima de sí mismo, es decir, de los congresos a la búlgara y otros defectos de la maquinaria de losn partidos, está demasiado preocupado en ganar dinero –legal o ilegalmente—, conseguir buenos cargos, buenos puestos y buenas jubilaciones. Y Claro, la sociedad está a merced de cuanto salvaje y oportunista pulula por estos mundos de Dios; bueno, ¡y del Diablo!

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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