Al margen – Elpidio, Alaya y la Fiscalía


MADRID, 11 (OTR/PRESS)

Hay jueces estrella y jueces estrellados, siendo corriente en España, al parecer, el tránsito desde el firmamento de la popularidad al lodo de la depuración. Sin embargo, ni todos los jueces estrella acaban mordiendo el polvo, ni todos los arrojados a él rinden ese tránsito a la misma velocidad, aunque existen un par de modalidades infalibles para que a un juez, estrella o no, le arruinen la carrera en un pis pas, estrellándole contra la dura realidad del país: investigar los crímenes del franquismo y meter a un banquero en la cárcel.
El juez José Elpidio Silva, titular del juzgado nº 9 de Madrid, se sentará el próximo miércoles en el banquillo acusado de prevaricar en el llamado Caso Blesa de su jurisdicción, aunque la gente, que es muy bien pensada cuando se pone, está convencida de que si no hubiera ordenado prisión contra el ex-presidente de Caja Madrid, ni se sentaría en banquillo alguno ni a ningún fiscal se le ocurriría denunciarle por nada. De Blesa se acuerdan todos los días, y en términos irreproducibles en ésta columna, los cientos de miles de ciudadanos españoles estafados con los productos tóxicos de falso ahorro que la dirección de la Caja hoy integrada en Bankia decidió endosarles mediante ardides y engaños, cual acreditan las cada vez más abundantes y nítidas pruebas reunidas por el Juez Andreu de la Audiencia Nacional que lleva ese asunto con el disgusto también, cómo no, de la Fiscalía. Dichas víctimas de la mayor estafa institucional de la historia, esperaban la acción de la Fiscalía en defensa de la legalidad ante el monumental ilícito, pero lo que han obtenido es la acción de la misma en favor de quien ostentaba la máxima responsabilidad en la entidad que engañó masivamente a sus mejores clientes y en contra del juez que, bien que por otra causa aledaña, pretendió ser simplemente un juez y hacer lo que de un juez se espera, justicia.
Ay, la Fiscalía. Qué mansa, paciente y contemporizadora con, por ejemplo, Mercedes Alaya, juez estrella de otro color y con otro fulgor, y qué implacable con Elpidio. Y qué desentendida del gigantesco delito de las Preferentes porque dice no verlo. ¿Pero lo ha mirado?

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