Carlos Carnicero – Cataluña deconstruye sus partidos


MADRID, 13 (OTR/PRESS)

Artur Mas no pasará a la pequeña historia de Cataluña como un genio de la política. De contar con una cómoda mayoría absoluta pasó a depender de ERC, en una convocatoria anticipada en la que pensó que blindaría sus posiciones políticas con una mayoría más holgada.

Ahora mismo, todos los estudios demoscópicos, incluido el propio de la Generalitat, confirman el sorpasso de ERC. Los cachorros han devorado al padre en una apuesta soberanista que ni siquiera tiene claro que pueda materializarse en un referéndum.

Todavía no se ha pronunciado formalmente la burguesía catalana. Los intereses económicos de las grandes familias están amenazados por una secesión que dejaría a Cataluña fuera de la Unión Europea. Pero el clima emocional es muy fuerte a favor de la independencia.

Y el dinero todavía no se ha atrevido a manifestarse de acuerdo con sus intereses. Hace falta mucho coraje político para pronunciarse a favor de una Cataluña española.

Pero llegará el momento en el que mantener un perfil bajo será imposible para los grandes grupos económicos.

Empezando por La Caixa. Entonces tendrán que pronunciarse a favor de que España no se rompa.

Los grandes perdedores de esta situación son los grandes partidos que permitieron una transversalidad política en Cataluña y también en la gobernabilidad de España.

CiU apenas fideliza el cincuenta por ciento de sus votos y sufre una sangría a favor de ERC y de otras opciones que todavía no se precisan.

También corre riesgo la alianza histórica entre Convergencia Democrática de Catalunya y Unió Democrática.

Estos últimos están en una pinza entre su supervivencia institucional -que depende en gran medida de la subsistencia de la coalición- y la dependencia de un proceso, el de Artur Mas, que también les llevaría a un suicidio político como fuerza de referencia.

El PSC está en limbo y sigue cavando en la deconstrucción de sus señas de identidad.

El socialismo catalán nunca tuvo dudas de su españolidad hasta que Pasqual Maragall -de quien siempre quedarán dudas, dicho con el máximo respeto, sobre la antigüedad de la enfermedad que padece y si pudo influir en sus decisiones fuera de la ortodoxia tradicional del PSC- condujo a su partido a una deriva que se consolidó con su paso por el tripartito.

Ahora, los socialistas catalanes no son ni carne ni pescado. Y sus pronunciamientos establecidos en la ambigüedad han hecho huir a su electorado natural.

Y la catástrofe electoral del PSC también es la del PSOE que no podrá ganar unas elecciones generales sin un buen resultado del PSC en Cataluña.

Ni siquiera el PP gana algo en este río revuelto. Los sondeos también le proporcionan una sangría propia a favor de Ciutatans. Alicia Sánchez Camacho, líder del PP catalán, pretende salvar los muebles mediante una mejora de la financiación de Cataluña que crearía un conflicto de proporciones graves en el resto del Partido Popular.

Con el peligro de perder feudos como Valencia y Madrid, Mariano Rajoy tampoco tiene margen de maniobra para favorecer los intereses económicos de Cataluña sobre las demás comunidades autonómicas.

Lo que está ocurriendo en Cataluña es un compendio de la torpeza y frivolidad política de las clases dirigentes en esa comunidad, y también en España, que sería prolijo detallar otra vez.

Pero lo cierto es que las decisiones de Artur Mas como líder de CiU y presidente de la Generalitat pasarán a las facultades de ciencias políticas como ejemplo de lo que puede deparar un populismo cuando se ejercita para huir de los problemas reales de los ciudadanos.

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