No te va a gustar – El Estado, en cinco minutos


MADRID, 16 (OTR/PRESS)

Las sesiones de control parlamentario, a las que puntualmente asisto desde hace años, me dejan siempre una sensación de frustración. Cinco minutos de duelo dialéctico, a repartir entre la autoridad gubernamental de que se trate y la Señoría interpelante es, casi siempre, muy poco tiempo, por más que la pobreza dialéctica que entre ambas partes se instala muchas veces hace que parezca interminable. Pero, si ocurre como este miércoles, cuando fue Josep Antoni Duran i Lleida quien interrogaba al presidente del Gobierno sobre la situación en Cataluña, el intercambio resulta excesivamente fugaz y, por tanto, ineficaz, casi efímero.

Muchas veces he dicho que la «tercera vía» que predica el líder de Unió, entre la inflexibilidad de un Artur Mas empecinado en su vía secesionista y el inmovilismo del Gobierno central, puede que sea la única posible a estas alturas, suponiendo que todos acaben entendiendo lo que implica esta solución «intermedia»: conceder «algo» a Cataluña -semejante a un cierto pacto fiscal– a cambio de que el independentismo de Convergencia Democrática quede aparcado «sine die» (con Esquerra Republicana cualquier intento será, sospecho, inútil).

Escuché este miércoles decir a Duran que la declaración de independencia del Parlament catalán sería «mala» para Cataluña, y también para España. Y estoy de acuerdo; por eso le preguntó a Rajoy en el Parlamento cuál es su hoja de ruta para solventar lo que entendemos como «problema catalán». Temo que la respuesta no aportó grandes novedades: que nada se mueva para que todo siga igual.
Luego tuve oportunidad de hablar unos minutos con Durán, a quien siempre he considerado un político pragmático, por más que, en ocasiones, ese pragmatismo le lleva a una excesiva ambigüedad. Creo que el líder de Unió, a quien he visto más preocupado que nunca, se debate entre dos males: la ruptura de su coalición con Convergencia o mantener esa difícil «tercera vía» que no parece ser demasiado bien comprendida en los ámbitos gubernamentales «de Madrid», ni tampoco por un Partit Socialista cuyas posiciones reales no hay quien entienda, y lo mismo podría decirse de Iniciativa.

Y así, en apenas cinco minutos, tasados por el asfixiante Reglamento de la Cámara Baja, transcurrió un intercambio dialéctico sobre uno de los temas que más puede condicionar el futuro de España como nación. Solamente espero que Rajoy haga más de caso a Durán fuera del recinto Parlamentario del que le hizo dentro. Y que Duran, cuando toque -que parece que ya toca- haga lo que tiene que hacer: que es, paradójicamente, deshacerse, le cueste lo que le cueste, de un socio tan incómodo como este con el que convive, alguien capaz de elaborar, para su defensa, una «lista de agravios de España a Catalunya»…en la que hasta los más fanáticos independentistas opinan que no hay un solo hecho concreto que muestre ese mal trato presumiblemente procedente «de Madrid».

Que de eso también tienen que hablar, en privado, Duran y Rajoy; no de agravios, por supuesto, sino de que Artur Mas parece ya irremediablemente perdido para cualquier causa razonable y hay que ponerle freno, por el bien de los catalanes y del resto de los españoles. fjauregui@diariocritico.com

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído