Fermín Bocos – La cautela de Rajoy


MADRID, 18 (OTR/PRESS)

Mariano Rajoy no moverá ficha mientras los separatistas catalanes no pasen de las musas al teatro. Ni responderá con palabras destempladas a las bravatas (Artur Mas anunciando que convocará una consulta), ni dará por recibido el aviso de Durán Lleida advirtiendo sobre una posible declaración unilateral de independencia. Frente al desafío secesionista: no hay que ponerse nerviosos.

Ese parece ser su lema. No perder los nervios, pero tener claro -son palabras suyas- que aceptar el llamado «derecho a decidir» sería la liquidación de la soberanía nacional. El presidente del Gobierno procura huir de los histrionismos.

Es un estilo de hacer política que saca de quicio a los halcones del PP, sector que en los últimos tiempos ha encontrado voz en José María Aznar y entre los analistas/propagandistas del «tea party» periodístico nacional.

Quienes reprochan a Rajoy que peca de tibieza en el manejo del problema no reparan en el hecho de que Artur Mas aunque habla de convocar una consulta -que sería ilegal por carecer la «Generalitat» de competencias en ésta materia-, hasta hoy, no lo ha hecho.

No ha dado el paso. Rajoy se mueve en la legalidad.

Tengo por cierto que si el anuncio de Durán se hiciera realidad y Artur Mas en su huida hacia adelante y del brazo de Oriol Junqueras (ERC) llevara al «Parlament» de Cataluña una declaración de independencia (iniciativa ilegal), el Gobierno de España recurriría ante el Tribunal Constitucional quien, a la luz de lo previsto en nuestro ordenamiento jurídico, suspendería y dejaría sin efecto dicha iniciativa.

El Gobierno, obvio es recordarlo, dispone de los medios necesarios para hacer acatar las sentencias de los tribunales o, llegado el caso, para tomar la iniciativa en los términos previstos por la Constitución (Art.155) en el supuesto de que una Comunidad Autónoma «actuare de forma que atente gravemente al interés general de España». Es lo previsto por la ley y de ese surco, Rajoy no se apartará ni un milímetro.

Es verdad que en esta «hora de España» –nuestros fantasmas históricos son tenaces- suenan voces que piden un discurso fuerte.

Un discurso de confrontación, incluso:»Si vamos al choque de trenes, ¡que se preparen los nacionalistas¡» -ha dicho Joaquín Leguina, ex presidente socialista de Madrid. Ahí no encontraremos a Rajoy. Ya digo, no es su estilo y no se cambia de condición por mudar de lugar; ni de la noche a la mañana se abandonan las estudiadas cautelas políticas que le han llevado a donde está.

Lo cual no quiere decir que no esté preocupado -me consta- por la deriva separatista emprendida por Artur Mas. Deriva que respaldan los republicanos de ERC, un sector amplio de la burguesía catalana, parte del clero y algunos de los medios periodísticos tradicionalmente alineados con la derecha.

De ahí tantas cautelas.

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