Fernando Jáuregui – ¿Muerte del bipartidismo? Eso lo tengo que ver yo


MADRID, 18 (OTR/PRESS)

Muchos que se adentran en el análisis de la nueva era piensan que, junto con otros muchos valores y desvalores asentados, el bipartidismo más o menos imperfecto que rige en España desde 1977 tiene los días contados. Cierto que, de momento, quienes tal predicen cuentan solamente con los resultados de las encuestas que hablan de un ascenso de formaciones como Izquierda Unida y UPyD y del descenso sensible de los dos grandes partidos nacionales, PP y PSOE. Al tiempo, también es verdad que parecen surgir tímidamente proyectos, como esa especie de nueva CEDA (la Confederación Española de Derechas Autónomas, de Gil-Robles, en tiempos de la República) que, ahora desde el centro del espectro político, anima el presidente de Ciudadanos, el catalán Albert Rivera. Pero me parece que ni siquiera la desastrosa gestión que de sí mismos hacen los «populares» y los socialistas, ni la irrupción de opciones minoritarias sin duda atractivas, ni la fragmentación que imponen los nacionalismos, van a bastar para derribar esa hegemonía PSOE-PP basada en una normativa electoral injusta, en cuantiosas inversiones -no siempre sanctas, como nos enseñaron los casos Filesa y Bárcenas- en auto-promoción y en el carácter conservador del electorado español.
He hablado con muchos parlamentarios de estos dos grandes partidos y tengo la impresión de que ellos mismos se sienten muy escasamente amenazados por el auge de una IU, un UPyD y de un Ciutadans que tienen tasado su propio techo, mientras, para colmo, pelean entre ellos. Y esta seguridad de los «mayores» es, sin duda, lo que más retrasa su renovación interna, que, con cierta lógica, camina algo más aprisa en el PSOE, que es la oposición, que en el PP, que tiene la responsabilidad de gobernar y de aplicarse la máxima ignaciana de que «en tiempos de crisis, no hay que hacer mudanza» .

Escribo esto consciente de la ilusión que en algunos medios de comunicación y en ciertos sectores de la sociedad, de Cataluña y del resto de España, ha suscitado esa aparición pública de Rivera, de la mano del ex ministro y ex socialista Toni Asunción, anunciando la posibilidad, y quién sabe si hasta la probabilidad, de crear un partido nacional partiendo de Ciudadanos. Un pequeño grupo, que, sin embargo, ha encontrado su hueco electoral al menos en el panorama político catalán merced al hundimiento, perfectamente lógico visto lo visto, del PPC regentado por Alicia Sánchez Camacho y del PSC liderado, es un decir, por Pere Navarro. Pero ni la situación en Cataluña es la misma que en el resto de España ni en zonas como Andalucía, Castilla-La Mancha o Castilla y León caben, creo, nuevos experimentos políticos, por muy estimulantes que a usted, amable lector, o a mí, pudieran parecernos.
Contemplo el «careo televisivo» entre la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, y el recluso Luis Bárcenas; asistimos al debate pedestre de cada semana en ese foro que debería ser de las nuevas ideas que es el Parlamento; comprobamos cada día las trampas, las zancadillas, dentro de los partidos por alzarse un peldaño de poder más. Y todo ello, ante la indiferencia y la desilusión ciudadanas. Sí: por todo ello, sospecho que la nueva era no ha llegado aún con una guillotina para el bipartidismo, tan impune. La revolución política en los usos y costumbres llegará por otras vías –mire usted esa tan sugestiva gran coalición entre conservadores y socialdemócratas en Alemania–, o no llegará. Que, a este paso elefantiásico y poco exigente de nuestra sociedad civil, no llegará.
fjauregui@diariocritico.com

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