Más que palabras – Itziar y el recuerdo


MADRID, 1 (OTR/PRESS)

Hoy me voy a permitir la licencia de copiarme a mi misma. Hace exactamente un año con el nombre «Itziar ya esta en casa» escribí un artículo que decía lo siguiente:

Sabemos bien lo que se siente. Las horas eternas, los terrores nocturnos, la espera interminable hasta que suene el clic de la puerta. Sabemos a que sabe la incertidumbre y también ese dolor que te encoge el alma y te agarrota las entrañas cada vez que los vemos salir . Para ellos es la cantinela de siempre : la falda demasiado corta , el tacón demasiado alto ,los labios demasiado rojos y ,a continuación el !no bebas!, nuca vuelvas sola, ¡cuidado! con los amigos que eliges, !ojo! con quien te subes en el coche. Nadie te enseña donde esta el equilibrio entre la hiperproteccion y la responsabilidad, ni tampoco como convertirles en hombres y mujeres fuertes sin que tengan miedo al miedo o vivan aterrorizados en la jungla urbana.
Puse la radio al amanecer y la noticia confirmaba lo temores eternos : cinco chicas muertas y varios heridos tras una avalancha en el Madrid Arena convertida en trampa mortal. Como siempre mi móvil en la mesilla y su habitación vacía, aunque ya esta amaneciendo. Sabias con certeza que no tenía entradas para la macrofiesta pero ¿Y si se acercò por si podía colarse en el ultimo minuto?. Marcas su teléfono aun sabiendo que si contesta hay bronca segura. Ya tiene 18 años, la mayoría de edad legal a la que ella apela, orgullosa, cada vez que hay discrepancias sobre como actuar en según que momentos. Respiras hondo mientras suena piiiiiiii, piiiiiii. No contesta, la imaginación se desborda y la desesperación cubre todos los poros de tu piel. ¿Estará ahí?, ¿será ella, estará bien o viviendo una pesadilla?. ¿Por qué no coge el maldito móvil?. Piensas que lo tiene en silencio y te tranquilizas un instante. Escribes solo tres palabras en el whatsapp ¿Dónde estas cariño?. No hay respuesta y quieres salir a la calle a buscarla y sientes un dolor como si te hubieran hecho un boquete en el estomago.
Te das diez minutos de margen y ¡De repete! oyes el clic de la puerta, el tac, tac,tac, tac de sus tacones, el sonido de sus llaves encima de la mesa. Se abre el frigorífico, piensas que llegara helada de frío y se tomara un buen vaso de leche con cola-cao, como suele hacer, antes de meterse en la cama. Espías todos sus movimientos sin rechistar, oyes como se quita su disfraz de Halloween que tu misma la compraste para que pasara un buen rato con un amigos de la universidad, y mas que nunca deseas que vaya a tu cama para darte un beso, como hace siempre porque así lo pactasteis hace años cuando empezaron las broncas por la hora de llegada. ¡A esta casa no se llega de día! Fue la solución salomónica que encontró su padre con su hermano mayor harto de la batallas de todos los fines de semana, por la hora de recogida, y que se ha mantenido como una norma de la casa.
Oyes que se acerca a hurtadillas con la luz apagada, y que tropieza con algo en el pasillo. ¿Habrá bebido demasiado? piensas inevitablemente. Notas sus labios en tu mejilla y te vuelves para para olfatear, con disimulo, su aliento en busca de restos de alcohol barato. ¿Mamá estas despierta? ¿Pasa algo cariño? preguntas fingiéndote adormilada. Fíjate me ha llamado Marta que se ha ido con los de su clase a la actuación del Dj Steve Aoki de la Casa de Campo y me dice que ha habido una avalancha, que hay chicas muertas y varios heridos y que a ella le han tirado al suelo y le han pisoteado. Mamá esa era la fiesta a la que no hemos ido nosotros porque ya no había entradas ¡menos mal!. Te incorporas de la cama la abrazas, se acurruca contigo, te pone sus pies helados en los tuyos y en un ¡plis plas! cuando intentas comentar ella lo ocurrido, está profundamente dormida.
Para ti ha sido otra noche mas en vela. Una mas, pero te levantas despacio, le arropas bien,notas que te duele todo el cuerpo después de otra noche insomne, pero ya no tienes el alma encogida y se han disipado los miedos. Han desaparecido esos pensamientos terribles que te hacen sentir cada vez mas culpable por no haber impuesto mas autoridad, por no haberle impedido salir con sus pinturas de guerra, por no repetir otra vez la monserga de siempre: que no son horas ni de salir ni de el llegar, que hay otras formas de disfrutar el ocio que no es a base de alcohol, música atronadora y baile desenfrenado. Recoges su disfraz de Halloween que ha dejado tirado en medio del pasillo y sientes un sosiego reparador porque no ha sido ella. No es Cristina, ni Rocío ni Katia pero yo me siento como se han sentido las madres de todas ellas. Mi hija Itziar está en casa, durmiendo a mi lado y mi desasosiego volverá en una horas, en el mismo instante que le vuelva a ver con su falda demasiado corta,sus tacones demasiados altos y su labios demasiado rojos. Soy Madre y esto se llama Amor.
Ha pasado un año de la tragedia Madrid Arena y el caso sigue abierto. Mi hija ahora esta estudiando en Houston. También ha ido de fiesta, aunque esta vez ni el disfraz se lo he comprado yo, ni he estado toda la noche en vela. Eso si, antes de salir a divertirse con sus amigos de la universidad sonó mi teléfono. «Mamá, ¿te acuerdas de que hoy hace un año de la tragedia en la que murieron las cinco chicas?. Claro cariño ¿cómo no me voy a acordar?. Las tendremos siempre en el corazón, le he dicho, no sin antes volver a repetir lo que Itziar llama «monsergas de mamá». «No bebas, no subas a ningún coche con desconocidos , cuídate y protegete cariño. Te quiero muchísimo».
En cuanto a las víctimas sólo nos queda seguir pidiendo justicia y unirnos a lo que anoche escribieron sus familiares en una pancarta, en los aledaños del Madrid Arena. «Cinco estrellas iluminan kilómetros de recuerdos. Seguid brillando, princesas. Vuestras sonrisas, nuestro consuelo.

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