Egipto: sin freno ni marcha atrás

«Soy el presidente legítimo de Egipto… y no acepto la legalidad de este tribunal», no se cansó de repetir este lunes Mohamed Morsi y al final, a fuerza de vociferar, consiguió que el juez aplazara el juicio hasta el 8 de enero.

Para el depuesto Morsi, que se resistió con éxito a que lo embutieran en el mono blanco de los reos y apareció en la jaula con traje, ha sido una pequeña victoria moral y poco más.

Los generales están maniobrando con precisión, para asegurarse de que el golpe del 3 de julio, con el que acabaron con un año de gobierno de los Hermanos Musulmanes, no tiene vuelta atrás.

Mandan los que siempre lo han hecho en el país árabe más poblado del mundo y cómo Obama exige que respeten las formas, actúan como si fueran demócratas sin serlo.

EEUU y la UE, inicialmente dubitativos, han llegado a la conclusión de que el islamismo de Morsi, con sus arrebatos y excesos, era un peligro para Oriente Próximo y que lo importante es mantener la calma y la estabilidad en la zona.

Es lo que opina Israel, que a duras penas puede ocultar su satisfacción al ver que los militares egipcios actúan por fin contra las bandas yihadistas en el Sinaí y dinamitan túneles de contrabando en Gaza.

El secretario de Estado John Kerry dijo el pasado domingo que aprecia “esperanzadores signos de progreso” y que ve despejado el camino a la democracia.

No se lo cree ni él, pero en breve empezará a llegar a El Cairo la parte que se congeló de los más de 1.000 millones de euros anuales en ayuda que da Washington y los cazas, helicópteros y misiles que tanto ansia el ejército egipcio.

Autor

Alfonso Rojo

Alfonso Rojo, director de Periodista Digital, abogado y periodista, trabajó como corresponsal de guerra durante más de tres décadas.

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