Fernando Jáuregui – La ya inevitable crisis de Gobierno


MADRID, 6 (OTR/PRESS)

Esto necesita un golpe de timón, y al timonel, un marinero gallego llamado Mariano Rajoy, parece que no le apetece nada darlo. Así que nos espera la escollera. No se trata solamente de las provocaciones al electorado de algunos ministros -el de Educación, el de Justicia, el de Hacienda-, ni de la patente inactividad de otros: es que la coordinación del elenco ministerial ha dejado, como es ya obvio, de funcionar, y las consecuencias empiezan a salpicar al miembro más sólido y prometedor del Ejecutivo, la persona que, en caso de retirada o por otras muchas circunstancias, sería la encargada de reemplazar al presidente. Sí, he hablado con al menos un ministro que se queja de la falta de una vicepresidencia económica… y también del desbordamiento de la política.
Puede que la costumbre de Rajoy de dejar que los problemas se pudran le haya dado resultado hasta ahora. Pero no puede mantenerse una situación en la que alumnos y profesores se levantan contra el titular de Educación, en la que jueces, abogados, procuradores, y cualquiera que haya visto una toga de lejos, critican sin descanso al ministro de Justicia, no puede seguir una coyuntura en la que la Sanidad está en pie de guerra día sí y día no.
La inseguridad jurídica fue el último golpe que derribó el edificio del Gobierno de Zapatero, y amenaza con convertirse en la dinamita que eche por tierra, precisamente cuando parece que podrían vislumbrarse algunos tréboles emergiendo de la nieve, a un equipo que el presidente se ha empeñado en colocar en el libro Guinness de los records en cuanto a duración balanceándose en la cuerda floja.
La crisis de Gobierno, que Rajoy se empeña en no afrontar, no puede aplazarse ni siquiera hasta las navidades, porque no sería bueno, ni para él ni para el conjunto del Gabinete, que algún ministro que usted y yo sabemos tomase el turrón situado en la poltrona. Eso, entre otras medidas políticas de urgencia, que el presidente del partido g0obernante y del propio Gobierno debería acometer ahora mismo.
Porque, entre tasas judiciales, reformas legislativas perfectamente innecesarias, becas generales, becas Erasmus, provocaciones al contribuyente, pasos adelante y atrás, recelos y alfilerazos interministeriales, huídas de los medios -y de cualquier comparecencia pública-, vacilaciones catalanas, salpicaduras procedentes de Soto del Real, errores de (in)comunicación, resulta que esto, todo esto, se les puede ir al garete.
O sea, se nos puede ir al garete a todos los ciudadanos, que hemos depositado en nuestros representantes la gestión de una parte fundamental de nuestras vidas, confiando en que solucionen nuestros problemas en lugar de crearnos otros nuevos. Y lo peor es que quizá, para cuando eso haya ocurrido y estos señores, por otra parte tan llenos de sentido común, se hayan ido efectivamente al garete, ya ni siquiera nos importe constatar que tal vez no estemos en buenas manos.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído