Isaías Lafuente – Suspenso general


MADRID, 6 (OTR/PRESS)

Un desbordamiento puede producirse por una riada sobrevenida o por una simple gota sobre una alberca a rebosar. Y de todos los desbordamientos, el del hartazgo es el más difícil de contener. El sociólogo José Ignacio Wert, provisionalmente ministro, sabe que es más fácil superar una crisis económica que una crisis de confianza.
La marcha atrás en el recorte de las becas Erasmus, que cambiaba las condiciones para recibirlas con el curso ya comenzado, una medida tomada con nocturnidad y sin explicaciones, ha sido la gota que ha caído sobre un embalse ya saturado.
Desde que entró Wert en el ministerio no ha vivido mes sin polémica. Ha soportado tres huelgas generales, el plantón de los rectores en un encuentro oficial, el rechazo unánime a su ley educativa en el Congreso de los Diputados, la contestación general a sus recortes de la comunidad educativa. Wert ha provocado a los nacionalistas diciendo que su intención era «españolizar a los niños catalanes», a los colectivos laicos al arrodillarse a las exigencias de la Conferencia Episcopal en materia educativa, a los estudiantes becados afirmando que quien no llega al 6,5 en la universidad quizás «debería estar estudiando otra cosa». Ya le gustaría al ministro llegar al 5 en la consideración ciudadana: es, encuesta tras encuesta, el peor valorado del gobierno.
Pero la última gota llegó ayer. Amaneció dispuesto a mantener su medida, ya dijo en su día que, como el toro, «se crece ante la adversidad». En una entrevista radiofónica matinal ni insinúo rectificar, horas más tarde tuvo que hacerlo. En ese tiempo le había dado un toque la Comisión Europea, se habían desmarcado algunas comunidades gobernadas por el PP, recibió críticas de Juventudes Socialistas y hasta de Nuevas Generaciones del PP, y los erasmus habían recogido 200.000 firmas contra la medida.
Pero lo peor para él fue el estruendoso silencio de sus compañeros de gabinete y de la dirección del PP que lo dejaron en una soledad insoportable. Quizás debería tomar su propia medicina y hacer lo que recomendó a los estudiantes incapaces de llegar al 6,5: tomar otro camino. La metáfora taurina se me antoja más cruel.

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