Victoria Lafora – Otro traspiés


MADRID, 6 (OTR/PRESS)

Al ministro Wert le crecen los enanos. Que no son otros que esos jóvenes estudiantes de Erasmus a los que pensaba dejar sin ayudas, a mitad de curso, en diferentes universidades europeas. Han montado tal movilización en las redes sociales que hasta los burócratas de Bruselas se han visto obligados a dar un toque al gobierno de Madrid en menos de veinticuatro horas.
En su afán por recortar, Wert mete la tijera donde no debe y sin meditarlo. Aunque se crea omnipotente, porque va a sacar adelante una reforma educativa con toda la oposición en contra y con el rotundo rechazo de padres, profesores y alumnos, hay cosas que, todavía, no puede hacer. Con tantos asesores como tienen en el ministerio ¿nadie le dijo que una vez conseguida plaza en el programa Erasmus no se puede suprimir las ayudas porque los estudiantes se quedarían colgados a mitad de curso? ¿Nadie le advirtió de que iba a dejar la famosa imagen de España a los pies de los caballos porque Erasmus no depende de su ministerio si no de Europa?

Esta vez le han doblado la voluntad los dirigentes del PP, asustados por las protestas y el toque de la Comisión Europea. Como tampoco recibió apoyo ni de Rajoy, ni de Montoro, se desdijo a media tarde y, no teniéndolas todas consigo, contestó de forma desabrida a los periodistas que le preguntaron por el respaldo del presidente del Gobierno a su gestión. Si Rajoy no mostrara tanta «pereza» a los cambios en su gabinete, hace tiempo que en el PP se viene dando a Wert por finiquitado.
Desde que llegó al Gobierno ha conseguido concitar el rechazo de todo el mundo de la Cultura y de la Educación. Y no ha sido sólo por las ordenes de la superioridad de recortar de forma salvaje, si no por la actitud despectiva, impertinente y autoritaria con la que ha tratado al Cine, la Universidad o la Escuela Pública. Esa media sonrisa displicente con la que ha recibido las quejas de sectores a los que se condenaba a la miseria.
Es palmario el esmero con el que ha atendido las demandas de una jerarquía eclesiástica siempre insatisfecha, a los colegios concertados que practican la separación de sexos, frente al desdén con que describió las mareas verdes de protesta contra la demolición de la enseñanza pública, a las que comparó con fiestas de cumpleaños.
A la vista de su pésima valoración en las encuestas, aseguró que cuando dejara el ministerio abandonaría la política. Lo que nunca debió hacer fue aceptar un cargo para el que se precisa saber respetar a la ciudadanía. No es que deje la política, es que la política le ha abandonado a él y su forma chulesca de ejercerla.
Un hombre experto en medir las corrientes de opinión pública va a salir del Gobierno habiendo sido, desde el primer momento, el farolillo de cola en la aceptación de los ministros del PP. Más le valía no haber llegado. A ningún cargo público se le ha negado tantas veces el saludo o se ha ninguneado en público como a Wert. Sólo un afán desmesurado de poder compensa el recibir semejante escarnio.

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