El Abanico – El periodismo está de luto.


MADRID, 7 (OTR/PRESS)

El cierre con nocturnidad y alevosía de la Radiotelevisión Valenciana, demuestra la impunidad de algunos políticos a la hora de tomar decisiones que afectan, como en este caso, a un colectivo de 1.700 personas, con sus problemas, sus angustias, sus frustraciones y necesidades.
El hecho de que el decisión se tomara sin intentar negociar ni tener en cuenta la opinión de los trabajadores solo puede deberse a la falta de sensibilidad de un Presidente Alberto Fabra que huyó de toda autocrítica, echando la responsabilidad del fracaso económico sobre los hombros de los sindicatos, así como del actual equipo de dirección que por todos los medios ha intentado salvar de la quema a sus compañeros. Y en cambio no dijera una sola palabra de esos otros ejecutivos que fueron nombrados a dedo, con el único fin echar incienso y mirra sobre los logros de los Zaplana, Barberá y Camps de turno. Unos directivos que han ejercido el poder durante quince años sin tener en cuenta la opinión de la oposición civil y política, que son los que han pagado sus excesos, de igual manera que lo han hecho los contribuyente, al que han esquilmado construyendo obras faraónicas, que nadie sabe ahora qué hacer con ellas ni que utilidad darles, toda vez que el dinero se ha agotado.
Dice el señor Fabra, sin que se le mueva un pelo de su bien cuidada cabellera, que prefiere cerrar la televisión y la radio autonómica antes que cerrar un colegio. Estoy de acuerdo con él, el problema es que al paso que vamos nada me extrañaría que cualquier día nos desayunásemos con el cesión a la empresa privada de los colegios y de los hospitales públicos valencianos. Pero aún hay más, es increíble que un presidente no sepa que la decisión de cerrar un ente público no la puede tomar unilateralmente, por más que eso sea lo que le pide el cuerpo.
Siendo verdad que el aumento del gasto en la mayoría de las televisiones autonómicas es desorbitado, y muy difícil de sostener en momentos de grave crisis económica, también lo es que en algunas como la de Aragón, o Castilla y León, se han encontrado formulas alternativas entre lo privado y lo público que las hacen rentables, y además con muy buenas audiencias.
Dicho esto, lo que no podemos obviar es la gravísima situación que atraviesan los medios de comunicación en España. No solo porque el ejemplo de la Radiotelevisión valenciana pueda ser seguido por otros presidentes autonómicos -por el de Madrid sin ir más lejos-, sino porque en esa misma situación se encuentran hoy la mayoría de ellos, debido en parte al descenso de la publicidad, al auge de las nuevas tecnologías que permiten a la gente leer la prensa sin tener que sacar un euro de su bolsillo, lo que ha adelgazado considerablemente los beneficios de las empresas, así como el número de trabajadores de las redacciones, los talleres y las administraciones de los periódicos, las radios y las televisiones. Prueba de ello son los duros ajustes de plantillas que se están llevando a cabo en la mayoría de los medios.
Pero una cosa es el ajuste de plantillas y de salarios y otra muy diferente poner en la calle a 1.700 trabajadores, sin que nadie se lo haya comunicado, de ahí que muchos pensemos que el periodismo en España está hoy de luto, más de luto que nunca.

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