Victoria Lafora – Miedo a los Mossos.


MADRID, 9 (OTR/PRESS)

Los ciudadanos de Cataluña, que no están tan ensimismados con la independencia como los dirigentes de ERC y CIU pretenden hacer creer, se han organizado para exigir el fin de la violencia, brutalidad y chulería de la actuación de los Mossos D»Esquadra. La muerte de un empresario, al que la policía autonómica intentó reducir a base de patadas y puñetazos, ha sido la gota que ha colmado el vaso de la paciencia popular.
Se les tiene miedo a los Mossos; no cumplen su función social que es la de proteger a la sociedad y amparar los derechos civiles. Los que peinan canas recuerdan la brutalidad de los «grises» reprimiendo a los demócratas cuando las porras sustituían a los puños, pero el efecto demoledor contra el caído en el suelo era el mismo. ¿Puede un Estado de Derecho tolerar semejante abuso de poder? Pues, al parecer, sí. Y, además, con la aquiescencia de los que mandan. Como el responsable de los Mossos, Manel Prat, quien sigue defendiendo a los agentes pese a la evidencia de malos tratos que reflejan los videos grabados por los vecinos. Incluso ha consentido que dos mandos se presentaran en el despacho de la juez que lleva la investigación exigiendo que el informe no lo hiciera la Policía Nacional.
Nadie en el Govern, ni siquiera el consejero de Interior, Ramón Espadaler, se ha atrevido a poner en cuestión la versión de lo ocurrido en el Raval. Es más, han desacreditado las versiones de los testigos sabiendo que a uno de ellos, una mujer que grabó desde el balcón la paliza, le obligó a borrar las imágenes una agente que subió hasta su domicilio.
Los sanitarios que atendieron al empresario Benítez han declarado ayer ante el juez que oyeron gritos de dolor, que tenía múltiples golpes en la cabeza , y que estaba en parada cardiorrespiratoria. Precisamente la autopsia demostró que había fallecido por golpes en la zona cráneo facial.
Pero la brutalidad viene de antiguo. Que se lo digan, si no, a Ester Quintana, que perdió un ojo por el impacto de una pelota de goma disparada para reprimir una manifestación. Pese a los intentos de la Generalitat por ocultar la mano de los Mossos en este desgraciado percance, se han visto obligados a prohibir, mediante un decreto aprobado en el Parlament, la utilización de las pelotas de goma.
El próximo día 14 el consejero Espadaler tiene que comparecer en la comisión de Interior para explicar porque hay trece agentes de la comisaría de Ciutat Vella imputados en casos de torturas. Los partidos de la oposición piden el cese del jefe de los Mossos. En cualquier caso, los vecinos de Barcelona no están dispuestos a soportar que, quienes deben velar por su seguridad, se conviertan en una elemento de terror, y que la sola visión de los Mossos bajando del coche policial haga huir a los viandantes. La situación es vergonzosa e insostenible.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído