Fermín Bocos – La «Roja» en Guinea


MADRID, 12 (OTR/PRESS)

Vivimos en un mundo deshumanizado en el que el dinero lo es todo y sobre la pasta se edifican famas y olvidos. En el caso del régimen de Teodoro Obiang, un dictador que llegó al poder tras el asesinato de su tío, Francisco Macías, es el dinero procedente del petróleo el que intenta comprar el olvido.

Olvido a dos realidades insoportables: la miseria en la que vive la población y el despilfarro que caracteriza la forma de vida de la familia del dictador.

Su hijo, «Teodorín», segundo vicepresidente de la República, investigado y embargado por la justicia francesa, lleva un tren de vida escandaloso (coches deportivos italianos, mansiones en países extranjeros), todo como resultado del expolio de las arcas del Estado. Guinea Ecuatorial, gracias al petróleo, es un país rico en el que la mayoría de sus habitantes apenas disponen de un dólar al día para vivir.

El dictador y su familia manejan los recursos que obtienen de las compañías norteamericanas que explotan el petróleo.

La oposición es silenciada y la disidencia encarcelada en la tétrica prisión de Black Beach, en Malabo. Periódicamente, Amnistía Internacional, denuncia la práctica de torturas en la isla.

Más de la mitad de los guineanos se han visto forzados al exilio. Muchos viven en España.

Teodoro Obiang Nguema que va camino de ser el decano de los dictadores del mundo -sólo los hermanos Castro, en Cuba, llevan más tiempo en el poder obtenido por la fuerza de la armas-, hasta hace veinte años era considerado un paria por la comunidad internacional.

Desde que apareció el petróleo y con él las compañías petroleras, la cosa cambió.

El dinero todo lo puede o todo lo intenta. En éste caso el objetivo es el olvido de la cara real de la dictadura. Ciertas consultoras especializadas en asesoría de imagen llevan años trabajando en mejorar la cara del régimen político de Malabo.

No quiero pensar que la gira de la Selección Española de Fútbol para jugar en Guinea tiene algo que ver con ese juego de lavado de fachada.

En cualquier caso, creo que los responsables de la Federación Española de Fútbol deberían dar una explicación a la opinión pública. El fútbol y el Mundial fueron la gran tapadera utilizada por la Junta Militar argentina para ocultar las atrocidades del régimen. A pequeña escala, que la «Roja» vaya a jugar en Malabo, es una forma indirecta de lavar la imagen de la dictadura.

Si los responsables de la decisión tienen alguna duda respecto a la naturaleza brutal del régimen de Teodoro Obiang, que se den una vuelta por Fuenlabrada (Madrid) y hablen con la numerosa colonia de guineanos exiliados.

Vergüenza, es la palabra.

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