Charo Zarzalejos – Ni una cuchilla en la valla.


MADRID, 16 (OTR/PRESS)

Entre hoy y mañana estarán instaladas. Desde el viernes varios operarios trabajan para ultimar la colocación de cuchillas en la valla que separa Melilla de Marruecos. Con esta idea, rechazable se mire por donde se mire, se trata de introducir elementos disuasorios para evitar los ya famosos y desgraciados asaltos a una frontera que separa dos formas de vida más distintas y distantes que la que marca el límite entre Estados Unidos y Méjico. Poner el pie en Melilla es tocar la tierra prometida; es iniciar el camino hacia el milagro y es que hay que pensar que quienes asaltan la valla no tienen nada, absolutamente nada, salvo su vida.
En el siglo XXI y en un país civilizado como es España y que, como hemos visto, asume con celeridad las decisiones del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, no es admisible que se recurra a elementos de disuasión que atacan de lleno los criterios que inspiran tanto nuestro ordenamiento jurídico como nuestra forma de entender la vida. Las fronteras, todas, hay que protegerlas pero no así. Si hay que intensificar vigilancia, se intensifica. Si hay que elevar a altura, se eleva, pero nunca y bajo ninguna circunstancia reforzarlas a base de cuchillas. Lo pienso y se me viene a la cabeza ,y no sin escalofrío, la imagen de las alambradas de los campos de concentración nazis.
Miedo me da el ver como en aras, bien de la economía, bien de la seguridad, nos encaminamos_si no estamos ya en ello_hacia una sociedad sin alma. Los españoles somos unos ciudadanos especialmente solidarios pero en paralelo a esta realidad vemos como una ETT recluta a ciudadanos en paro para a cambio de 85 euros recoger basuras durante ocho horas, como empresas con buenas cuentas de resultados ofrecen trabajo a 300 euros por jornadas de más, mucho más, de ocho horas a jóvenes titulados y con experiencia y ,ahora que llega el invierno, como muchas familias se protegerán del frio con mantas porque encender la calefacción en sus casas les supone un desajuste en su escueto presupuesto imposible de asumir. Y todo esto por no hablar de las situaciones y desgracias que apenas son noticia, como esos niños que hace unas semanas murieron de sed en el desierto. Un desierto que no está en la otra punta del mundo sino aquí, muy cerca de nosotros.
Si algo distorsiona la realidad es la demagogia y de ninguna de las maneras quisiera caer ello pero creo que no es demagogia y si cuestión de conciencia recordar una y mil veces que si bien una cuota de sufrimiento forma parte irremediable de la vida de cualquiera, hay otros sufrimientos evitables si, entre todos, fuéramos capaces de remover conciencias. Las cuchillas no evitaran intentos de pisar la tierra prometida para quienes nada tienen y si infligir daños y sufrimientos añadidos a quienes viven sin futuro. Como ciudadana española no quisiera que cayeran sobre mi conciencia. Y es que sobre nuestras conciencias caerá, o debería caer, el subsahariano que huyendo del horror de la miseria más absoluta resulte atrapado por estos crueles artilugios.
Ojalá esta crónica quede desmentida por los hechos y los periódicos nos anuncien hoy o mañana que la decisión de colocar esas vergonzosas cuchillas ha quedado revocada. Es una cuestión de principios aunque esto de los principios no esté muy de moda.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído