Francisco Muro de Iscar – Los problemas «de la gente».


MADRID, 26 (OTR/PRESS)

Decía el presidente del Gobierno en Los Desayunos de Europa Press que a lo que se debe dedicar un político es «a los problemas de la gente». Si es tan obvio, ¿por qué parece que todos los políticos se preocupan más de lo suyo que de lo de los ciudadanos? ¿Sólo lo parece? La sentencia contra el ex presidente de la Diputación de Castellón, Carlos Fabra, es un torpedo de flotación sobre todos aquellos que lo defendieron a muerte -el primero Rajoy y luego todo el PP, presentándole como el político más honrado del mundo mundial-. Al menos deberían pedir disculpas públicas porque, además de la condena, hay mucho más en la sentencia que resume una forma de gobernar, de usar el dinero público y las prebendas del cargo que debería hacer enrojecer a muchos. Nadie lo ha hecho.
Lo mismo se puede decir del nombramiento de vocales para el Consejo del Poder Judicial, un espectáculo donde, salvo excepciones, lo que priman son las cuotas, los servicios prestados -y, lo que es peor, los que se esperan que presten algunos-, las señoras de* y el pacto. Defiendo los pactos entre PP y PSOE, pero resulta poco edificante que el único al que son capaces de llegar -y al que se suman CiU, PNV y hasta Izquierda Unida para mantener una cuota de poder sobre los jueces, aunque sea escasa- es el de repartirse los cargos del CGPJ. ¿No hay asuntos «de Estado» más importantes para que sean capaces de ponerse de acuerdo? ¿Quieren una lista? Sanidad, educación, justicia, corrupción, reforma del Estado, Constitución* Para eso no están.
Y, luego, Andalucía. Los escándalos de la UGT no sólo salpican a este sindicato hasta dejarlo como unos zorros sin que ninguno de sus máximos responsables haya asumido lo que les toca, responsabilidades; salpican también a la Junta de Andalucía que es la que daba el dinero y la que no controlaba nada de lo que se hacía con él. Y al frente de la Junta está una política, Susana Díaz, que trae nuevos aires, pero que no sólo es corresponsable de todas las decisiones de este Gobierno autonómico y de los anteriores, sino que no ha levantado las alfombras, no ha abierto las ventanas y no ha ordenado una limpia general. Y eso a pesar de que en Andalucía, donde IU y el PSOE son compañeros de viaje sólo por intereses de poder, uno de cada tres ciudadanos vive por debajo del umbral de la pobreza y las cifras de paro asustan a cualquiera. Allí siempre han gobernado los mismos.
Solbes dice ahora que se fue porque no podía más, Zapatero que fue un error negar la crisis, pero que no hubo engaño y Montoro que los sueldos suben y suben y suben* Si los políticos, todos, se dedicaran de verdad a solucionar los problemas de la gente -y a que la gente se enterara y lo pudiera comprobar- sin duda acabaríamos con esta desconfianza creciente en la acción política.

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