Pedro Calvo Hernando – Una bandera de cambio.


MADRID, 26 (OTR/PRESS)

Coincidiendo con el tercer fin de semana feliz del PSOE, llegó el nuevo lunes negro para el PP, que se debatía aun en las secuelas de la contabilidad permanente en b y los sospechosos pagos de las obras de la sede central. El lunes se añadía la condena de Carlos Fabra a cuatro años de cárcel por delitos fiscales y el nuevo escándalo relacionado con Lamela. Antes de Bárcenas, la bandera de la corrupción estaba en manos de Fabra, que la recupera al adelantar a su compañero en la condena por una sentencia judicial. No sé cómo se las arreglan en el PP para aguantar toda la metralla frente a la cual se mal defienden con el silencio o las clásicas vanas excusas tipo Cospedal, mientras siguen con la prédica de la recuperación económica, ese fantasma invisible. Lo de Fabra era ya un tema cansino, con un increíble recorrido de diez años, claro ejemplo de lo que no debe ser la Justicia y de lo que son las argucias procesales para diluir sus efectos. Pero el respiro se ha terminado para el PP y desde ahora todo van a ser lágrimas.
Las últimas consecuencias políticas y electorales todavía están por ver. Lo que no está por ver, porque está bien a la vista, es el proceso de cambio que el PSOE ha comenzado a experimentar y de forma acelerada en los tres últimos fines de semana, con el protagonismo de Susana Díaz, la nueva presidenta de la Junta de Andalucía, que acaba de hacerse con toda brillantez con el liderazgo del partido en esa esencial autonomía. Nadie discute que se trata del mejor hallazgo de los socialistas en los últimos años y todos saben que el liderazgo nacional será suyo si ella lo quiere o si entiende que sería la única o la mejor solución para el definitivo regreso del partido a la alternativa cierta de poder. Lo de menos es que se la empiece a comparar con el Felipe González de hace treinta años, pero eso es un claro síntoma de que ante el socialismo español se abre una nueva y prometedora perspectiva, tras mucho tiempo de sequía y de errores incomprensibles, aunque también de mala suerte. A la mitad de la legislatura de Rajoy irrumpe una bandera de cambio.

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