Carlos Carnicero – Contra la pobreza, represión


MADRID, 30 (OTR/PRESS)

Estoy convencido de que la ciudadanía española, como conjunto pagano de esta crisis provocada por los poderes financieros y una clase dirigente incompetente o corrupta, es un colectivo de hermanitas de la caridad.

Invocar inseguridad ciudadana, violencia en la protestas o peligro para el orden público es un argumento falaz. Las protestas contra la crisis en España, salvo contadísimas excepciones, han sido actos cívicos, amparados por la constitución, y constitutivos de derechos ciudadanos para ejercitar la libertad de pensamiento y de opinión.

En el escenario imaginario de que existe recuperación económica, se contemplan también más recortes sociales.

La Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional reclaman profundizar en la reforma laboral; es decir, disminuir más los derechos sindicales y los derechos laborales en pro de una supuesta incentivación de la contratación que no solo no se produce sino que ni siquiera se atisba.

Los bancos siguen dando pingües beneficios aliviados de la necesidad de dar crédito.

Les basta con comprar deuda pública, tomando el dinero del Banco Central europeo a intereses bajísimos y depositarlo en la mesa de la deuda para esperar a recoger sus beneficios.

Los medios de comunicación más importantes, en manos de sus bancos acreedores, apenas hablan de que los ciudadanos vamos a pagar hasta cuarenta mil millones de euros prestados a la Banca, en contra de las promesas del Gobierno.

Estos medios no pueden hablar mucho de esto porque deben miles de millones a los bancos que estamos rescatando.

El universo del paro, el deterioro de la sanidad y la educación pública, las bajadas de salarios de quienes todavía tienen empleo, han creado un universo de miedo. Los que todavía tienen algo, temen perderlo.

Y los que no tienen nada ni siquiera creen que pueden conseguir algo.

La decisión del Gobierno, sumido en graves crisis de corrupción y otras de carácter político, como la alarma social por la aplicación de la sentencia de Estrasburgo sobre la «doctrina Parot» o la amenaza de la secesión catalana, ha sido una apuesta por la represión.

No se afrontan los problemas reales -las consecuencias de las crisis- sino que se blinda el poder con un aumento de las sanciones políticas y administrativas que elude las garantías de proceso judicial.

La mayoría absoluta del PP se está constituyendo en una soledad escasamente acompañada por ellos mismos. Si se puede imponer un modelo educativo elitista, que permite la segregación subvencionada por sexos y dedica dinero y suelos públicos para construir colegios privados, no van a querer negociar nada. Práctica que llevan desarrollando desde el inicio de la legislatura.

Aumentar la represión contra los ciudadanos, limitar su capacidad de manifestación, es una deriva propia de los sistemas autoritarios.

Y algunos de quienes la promueven proclaman que «quien no sea violento no tiene nada que temer». Recuerda demasiado, salvando todas las distancias, a las explicaciones de las dictaduras que siempre manifiestan que quien no se meta en líos está a salvo de la represión

Muchos ciudadanos han decidido «meterse en líos» para defender su dignidad y sus derechos. Y la porra y la multa no les disuadirá de sus protestas; solo las hará más caras en multas y más difíciles.

Pero el camino que ha emprendido el PP es hacia ninguna otra parte que hacia un aumento de su soledad.

Tal vez se congracien con algunos sectores ultra conservadores de su electorado. Pero en la deriva de descrédito que les arrastra, tienen que tener la inteligencia de saber que ya han perdido la partida.

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