Francisco Muro de Iscar – Obsesiones compulsivas.


MADRID, 3 (OTR/PRESS)

Tenemos un panorama complicado, a pesar de la buena noticia de que en noviembre no fueron más españoles al paro, aunque descendiera el número de cotizantes a la Seguridad Social. Pero hay cinco millones sin trabajo. Las excarcelaciones de etarras y violadores provocan una gran inquietud. Los escándalos de corrupción, desde UGT hasta Gürtel pasando por Bárcenas, siguen en las portadas. El «caso catalán» está más vivo y más preocupante que nunca porque unos no están dispuestos a ceder nada y otros no saben cómo salir del entuerto. La economía no arranca y el Gobierno ha tenido que echar mano de la hucha de las pensiones -otros 5.000 millones de euros- para poder pagar la extra a los pensionistas. Europa nos urge a más reformas ¿Y saben lo que de verdad le preocupa al Partido Socialista? «Proceder de inmediato a la denuncia de los acuerdos con el Vaticano». En serio.
La dirección federal del PSOE ha acordado presentar sin pérdida de tiempo una proposición no de ley en el Congreso de los Diputados que insta al Gobierno a romper el Concordato, acabar con el estatus privilegiado de la Iglesia Católica y abrir, supongo, un futuro esplendoroso. Incluso han informado a la Nunciatura para que tome nota. Rubalcaba lo anunció hace unos meses y ahora vuelve a plantearlo.
Está en su derecho, pero el PSOE ha gobernado en España durante veinte años y no se le ocurrió hacerlo nunca. Y lo que en veinte años no fue objeto de su programa ni se le ocurrió a ningún ministro, ahora es un asunto «urgente» que debe ser aplicado en un plazo máximo de seis meses. Y si no se hace, como parece previsible porque el PSOE no tiene ninguna posibilidad de convencer al PP de que se suba al TOC, lo meterá en su programa de gobierno para las próximas elecciones generales. No se hablará de otra cosa en la campaña. El TOC no es el Tribunal Orgánico Constitucional sino una obsesión enfermiza, lo que en medicina se conoce como trastorno obsesivo-compulsivo. Las obsesiones del TOC van casi siempre acompañadas de compulsiones, actos repetitivos destinados a hacer desaparecer la obsesión, en general con poco éxito, porque no suelen responder a la realidad. Por eso se repiten. No he visto condena ni proposición no de ley del PSOE para evitar que allí donde gobierna, Andalucía, no sea posible que un sindicato se lo lleve crudo sin que pase nada. Tampoco que le haya dicho nada al PSC cuando éste ha anunciado que renuncia a celebrar el Día de la Constitución «para evitar frentismos». La Iglesia Católica es otra cosa, una obsesión. Hay que ir a la desamortización cuanto antes no sea que el cambio que le está dando el Papa Francisco la convierta, de nuevo, en una voz con fuerte peso social. De lo que se trata -por el PP o el PSOE, da lo mismo- es de eliminar las voces críticas, sean profesionales, sociales o religiosas, y seguir repartiéndose el poder sin interferencias. Lo mismo proponen que a los obispos les elijan también los partidos. Cualquiera sabe.

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