Victoria Lafora – Paralelismos


MADRID, 4 (OTR/PRESS)

La corrupción, esa lacra que los españoles sienten como el tercer problema nacional, está haciendo extraños compañeros de viaje: el sindicato UGT y el PP usan los mismos argumentos, negaciones y disculpas frente a las facturas falsas que, según la investigación judicial, ambos utilizaron con prodigalidad para financiarse.
¿Qué tienen en común un sindicato de clase, cercano al PSOE, y un partido de centro derecha (mas de derecha que de centro)? La respuesta asombra. Ambos han utilizado fondos públicos obtenidos de forma irregular para que sus dirigentes se dieran la vida padre, cobraran sobresueldos y no cotizaran al fisco.
Ahora resulta que a la UGT de Andalucía también se le han borrado los archivos de los ordenadores, igual que se limpiaron hasta el hueso los dos portátiles que Bárcenas se dejó en la sede del PP. El sindicato culpa a un grupo de trabajadores, sin dar nombres, críticos con la gestión del dimitido Fernández Sevilla. Es más, como su investigación interna sobre la utilización de facturas falsas para recabar ayudas de la Junta de Andalucía no avanza, llegan a hablar de sabotaje para justificar la desaparición de mil setecientos archivos donde estaría (¡Oh casualidad!) la clave de lo ocurrido.
En el partido popular no se tomaron tanta molestia ni utilizaron frases tan rimbombantes. Sencillamente le dijeron al juez Ruz que como eran de sus propiedad los habían formateado para que los pudiera utilizar otro empleado de Génova. Si el juez Ruz hubiera ordenado un registro en la sede del PP nada más hacerse cargo del caso Gürtel/ Bárcenas, tal vez los famosos papeles del ex tesorero tendrían ahora un soporte informático. Existirían las copias de los famosos «recibí» con los nombres de los privilegiados que, durante años y años, recibieron doble paga en negro por los servicios prestados. En los ordenadores de UGT seguro que figuraban también las facturas de las comilonas y mariscadas que pagamos todos los españoles de nuestros bolsillos a los dirigentes sindicales.
Destacados políticos pusieron ayer en cuestión el informe de Transparencia Internacional que coloca a España, en la percepción de sus ciudadanos sobre el grado de corrupción política, justo delante de Siria un país en guerra. Y todavía se extrañan.
UGT tiene enfrente a dos mujeres, la juez Alaya que ha demostrado que no suele soltar una causa y la presidente andaluza, Susana Díaz, que se juega su credibilidad si no pone orden en las trampas que el sindicato le coló a la Junta de Andalucía. Por la cuenta que le trae van a reclamar hasta el último céntimo de las subvenciones públicas cobradas indebidamente.
En cuanto al PP, las últimas fotografías del «amigo» Correa, siempre rodeado de importantes dirigentes del partido del Gobierno, montado en un yate, asomado a la cristalera de un piso de lujo frente al mar u organizándole a Bárcenas y señora un lujoso safari por Africa del Sur, causan más daño al partido de Rajoy de lo que su dirección, empeñada en el mantra de que «ya ha pasado lo peor», se pueden imaginar.
Aquí ya no se perdona nada.

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