Sin etiqueta – El niño de Aguirre


MADRID, 10 (OTR/PRESS)

Rajoy tuvo una «niña» que sacó a relucir en un debate contra Zapatero, (nunca más se supo de ella, será que saca malas notas). Pero mucho antes de que conociéramos a la «niña» de Rajoy existió el niño de Esperanza Aguirre. Cada año al llegar a estas fechas en la Puerta del Sol, sede de la Comunidad de Madrid, se montaba el Belén en su sentido mas literal. Las anécdotas se sucedían, a los cronistas nos divertían mucho pero al belenista que le tocaba instalar la recreación de la pequeña Judea no tanto. En los últimos años dejó de asistir a la inauguración del Belén porque siempre le caía un chorreo al pobre señor.
Otros dirigentes se habrían conformado con hacerse la foto de rigor pasando revista a las tropas de cerámica y a los patos del río, pero Aguirre sacaba su carácter de presidenta y hasta Herodes se agachaba en el castillo para que no le viera. En una ocasión le pareció que los Reyes Magos estaban demasiado cerca del nacimiento, hubo que retirarlos para que fueran «caminando» día a día hasta llegar a su destino marcado por la estrella fugaz. También las tuvo tiesas con el belenista porque los pastores iban demasiado abrigados en una zona cálida, y otro año era el Niño que ocupaba demasiado espacio, quedaba como un pequeño Godzilla en pañales.
Pero nada, nada, comparable como aquella ocasión en la que Esperanza Aguirre se quedó pensando y dijo: aquí falta algo, ¡pero por favor si no está la figura principal que siempre aparece junto al río!, ¡que la pongan inmediatamente! El sufrido belenista acudió al frasquito de sales mientras se preguntaba cómo era posible que en un Belén de cien metros cuadrados la presidenta hubiera echado a faltar a «esa» figura. Y mira que había detallitos dónde fijarse. Aquello quedó en anécdota, otra más, pero lo mejor fue al día siguiente cuando Aguirre entró en el patio y exclamó: «¿Pero a quién se le ha ocurrido poner ese pedazo de bandera?, (en efecto, una bandera enorme cubría el faldón del perímetro). Un colaborador de la presidenta dijo de manera tímida: «ayer dijo usted que faltaba la bandera». Y aquí la respuesta con tono cheli de Esperanza Aguirre: «¡qué bandera, qué bandera, yo dije que faltaba la lavandera, joder!». De nuevo el belenista sacó el frasquito pero esta vez no era de sales, era de ron, lógico.
Este cuento de Navidad es cierto, no un sucedido como el de la cerillera. Hay quienes aseguran que otro año pidió que retiraran al Niño porque tenía unas cejas que parecía Gallardón ero eso a falta de comprobar no deja de ser una leyenda urbana, una de esas cosas que se cuentan en Navidad.

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