La Fiscalía anticorrupción blinda a los corruptos.

La Fiscalía anticorrupción blinda a los corruptos.


Deberíamos estar todos con la boca abierta y las manos en la cabeza permanentemente, no por los piojos, que hacen su agosto este invierno en los colegios de algunas regiones –infestaciones provocadas, según según la leyenda urbana— para llenar los bolsillos de los accionistas del Fivit, sino por todo lo que está pasando. Quizá tantas experiencias fuertes nos han ido insensibilizando y ya hemos perdido la capacidad de reaccionar. Cuando las noticias se convierten, por sistema, en aberración permanente, el ciudadano lector, telespectador y oyente, se va transformando paulatinamente en un ser sin confianza y sin esperanza, incapaz de asombrarse, de indignarse, de abrir la boca y llevarse las manos a la cabeza. Quizá seamos ya seres mutantes, atrofiados, sin remedio ni vuelta atrás.

Hace unos días veíamos al juez Elpidio Silva sentado en el banquillo por haberse atrevido a meter en la cárcel al intocable Miguel Blesa, uno de los capos de Caja Madrid, enriquecido vergonzosamente a costa del dinero de todos, y lo que es más grave, saqueando las cuentas de los pequeños ahorradores con las participaciones preferentes. Un tipo que regaló dinero a empresarios bandoleros sin escrúpulos –léase Díaz Ferrán— y compró el supervalorado City National Bank de Florida, entre otras cosas, sin que se le moviera una sola cana. ¡Y no hay quien pueda con ellos! Están blindados por los políticos y por los fiscales, que los excarcelan amparándose en triquiñuelas y leguleyismos a medida. ¡Qué vergüenza, Dios mío! ¡Cuánto caradura suelto! ¡Cuánto psicópata de guante blanco!

El juez Silva es un prevaricador, dicen. Le han afeado la carrera sacándole algunos temas del pasado. Ahora bien, yo quiero jueces como Elpidio Silva, que se atrevan con los poderosos trileros que acabaron con las cajas y con la esperanza de los españoles. El juez declaró que había enviado a Blesa a prisión para evitar no solo su fuga sino la destrucción de pruebas. Pero todos estos corruptos padecen manía persecutoria. Cuando se les imputa, creen que es una venganza contra su persona, y los políticos, contra el partido. Yo sentía vergüenza ajena viendo declarar a Elpidio Silva. ¡Dejen de manipularnos acusando al juez de prevaricador! Ojalá tuviéramos muchos como él. Nuestro enemigo real es Blesa y todo su entramado para delinquir. Es todo tan vergonzosamente indignante que más que de gente normal o de gestores de bancos que hacen su trabajo, parece que hablamos de la mafia.

Lo de la Infanta es otra. Que no, que no se la puede imputar por ser quién es, ha dicho el fiscal. Y emprenderá acciones contra los técnicos de Hacienda que se han atrevido a realizar el trabajo para el cual les pagamos. ¡El mundo al revés! ¡Otra vergüenza, otro despropósito o no sé cómo llamarlo! Cómo puede expresarse así un fiscal cuando debería ser él quien actuara incluso de oficio para que se aplique la ley. Hacer esas declaraciones es tomar a los ciudadanos por tontos. ¿Pensará que los reyes son de sangre azul de verdad y que descienden de los dioses? ¿Se atreverá el juez castro con el hueso? Desde aquí lo animamos a que sea valiente y actúe en conciencia.

Por si esto fuera poco, vuelve el tema del ático de Ignacio Gónzález. La jueza de Estepona imputó a la esposa del Presidente de la Comunidad de Madrid, Lourdes Cavero por delitos contra la Hacienda pública y blanqueo de capitales. Una historia larga la de la adquisición de este misterioso ático –según el SUP por el cobro de una comisión—, un auténtico expediente X con demasiadas irregularidades, comisiones rogatorias paralizadas incluidas. Pero ¡oh, milagro!, unas horas después la Fiscalía Anticorrupción anunció que recurriría el auto por mal fundamentado con argumentos endebles. Endeble y hecha jirones está quedando esta sociedad nuestra, cada vez más desesperada viendo que los mohatreros de la política y la banca se van de rositas.

Al Partido Popular no paran de crecerle los enanos, pero ellos tan contentos. Lo de la reforma pagada en negro se está enyerbando. Cospedal dice que es una persecución y que todo está en regla, pero el juez Ruz no piensa eso. Acaba de enviar al secretario judicial a la sede de Génova a buscar documentación sobre la empresa Unifica que hizo la reforma. Creo que es ya un poco tarde. Hubo demasiado tiempo para muchas cosas.

Y faltaba Aznar por entrar en escena, pero ya lo hizo. Amenaza con emprender acciones legales contra los medios que han osado publicar las sinvergonzonerías que aparecen en los correos de los jugadores de Monopoly de Caja Madrid. Ya se sabe, “no hay mejor defensa que un buen ataque”.

¿Qué está pasando? ¿Qué ocurre con los fiscales y cuál es su papel? ¿Están siendo presionados los jueces? ¿Tienen miedo a aplicar la ley? ¿Hay retorno? La respuesta a estas preguntas deja poco margen a la esperanza porque la crisis moral es la peor de las crisis.

Subirá la luz nuevamente por esa cosa rara, que nadie entiende, del déficit tarifario. Una vez más, el ministro Soria mintió, pero ya sabíamos que mentía. Todos mienten. Lo malo es que ya no nos sorprende y lo aceptamos sumisamente como los prisioneros de los campos de concentración. La gente más pobre tiene frío y los viejos se hielan en las residencias y asilos. Como no se dice, no se sabe. Y el Gobierno encantado de haberse conocido. ¡Qué falta de empatía!

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
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