Andrés Aberasturi – La aburrida Pascua Militar


MADRID, 6 (OTR/PRESS)

Los que ya vamos teniendo una edad en la que el pasado cuenta más que el futuro solemos refugiarnos en la memoria para confirmar que cualquier tiempo transcurrido en absoluto fue mejor -en general- que el que ahora vivimos.

Viene esta batallita de abuelo a cuenta de la hoy apenas importante celebración de la Pascua Militar más allá de la anécdota de si el Rey lleva o no muletas y más acá de la encuestas -otra clase de anécdota- sobre los afectos o desafectos de los españoles por don Juan Carlos o por su hijo el Príncipe de Asturias.

Cuando entonces, cuando lo que se jugaba en España no era «la grossa» de un Mas sin freno ni marcha atrás sino el futuro de la libertad, cuando lo que sonaba en los cuarteles era el famoso «ruido de sables», cuando apenas había día en el que no asomase el tufillo de la amenaza de un posible golpe de estado, la Pascua Militar era una cita que se columpiaba entre la esperanza y el temor de lo que se pudiera no sólo murmurar en los corrillos sino gritar en voz muy alta en algún momento inesperado.

Cuántos voces, cuántos insultos no habrán oído Gutiérrez Mellado y Adolfo Suárez, «el traidor».

En aquellas pascuas militares los oficiales demócratas eran una rara excepción y el ambiente podía cortarse con una tijera para niños. Estaba ETA golpeando casi diariamente y cebándose con las fuerzas de Seguridad y con los propios militares para provocar precisamente una involución en el avance de las libertades.

Pero también estaba aquel incipiente estado de las autonomías que parecía romper la famosa «unidad de los hombres y las tierras de España» y estaba un PSOE tolerable y un PCE absolutamente maldito.

Hoy nadie espera grandes sorpresas en la Pascua Militar al margen de lo anecdótico. Es verdad que preocupa lo de Cataluña o que cabrea lo de Durango; pero el Ejército sabe -pese a las salidas de pata de banco de algún civil más papista que el Papa- que su papel es otro y por primera vez en muchos años de Historia entiende que está al servicio del Gobierno y no al revés.

Es importante que así sea incluso cuando los más imaginativos secesionistas creen ver en vuelos rutinarios de aviones militares maniobras imagino que para preparar el bombardeo de Barcelona.

Es bueno que la Pascua Militar sea un acto aburrido y sin sorpresas.

Dos generaciones de españoles no saben lo que era el antiguo desfiles de la Victoria y otra más nació después de que Tejero montara la que montó mientras muchos capitanes generales de entonces -que acudían a la Pascua Militar como grandes anfitriones- pasaran aquella noche sin saber que era lo más conveniente: conservar los galones o mirar hace otro lado.

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