Francisco Muro de Iscar – Aborto, razones y sinrazones


MADRID, 9 (OTR/PRESS)

El asunto del aborto tiene, indudablemente un componente ideológico muy fuerte que anula casi cualquier razonamiento. Estoy de acuerdo con quienes creen que dentro de algunas décadas, nuestros descendientes juzgarán severamente el comportamiento de quienes han decidido que no nazcan determinados seres humanos por tener una malformación o porque no les viene bien a sus padres en un momento determinado. Quienes defienden una ley de plazos, sin restricción alguna, no están por el derecho a la vida sino por el derecho al aborto que no debe llevar nunca a una mujer a prisión. Nunca debería ser un derecho en una sociedad en la que el derecho a la vida debería ser el primero de todos los derechos como reconoce nuestra Constitución.
Cuando una mujer defiende que su cuerpo es suyo y hace con él lo que quiere, nos está llevando a un debate peligroso. Lo mismo podemos decir todos sobre casi todo y eso es un paso al frente para que impere de la ley de la selva. ¿Quién protege, en ese razonamiento, el derecho de los débiles, la solidaridad hacia los que sufren o la vida de los discapacitados? Sin duda la mujer es una víctima cuando decide abortar y cargará para siempre con ese peso, pero la gran víctima indefensa y abandonada es el ser humano no nacido.
Es cierto que no hubo consenso en la aprobación de la ley del aborto de 1985 -sobre un texto anterior que el Tribunal Constitucional obligó a modificar- pero sí lo hubo después porque ninguno de los Gobiernos de Aznar -y tuvo ocho años para hacerlo- la cambió. Sí lo hizo, incluso contra buena parte de sus dirigentes y diputados y muchos de sus militantes, el infausto presidente Zapatero. Eso sí que fue romper el consenso constitucional. De esa ley de 2010 hay algún dato que me parece terrible. Por ejemplo que entre 2012 y 2013 abortaron 8.814 niñas de entre 16 y 17 años sin el conocimiento o el consentimiento de sus padres. Sólo para evitar esto hacía falta modificar la Ley del aborto. Y otro dato. De los más de 100.00 abortos registrados el año pasado, sólo un tres por ciento se llevaron a cabo por riesgo de graves anomalías en el feto y sólo 306 fueron casos de anomalías incompatibles con la vida o extremadamente graves.
Dicho todo eso, es un contrasentido pedir libertad de voto dentro del PP para votar esta ley y acatar militarmente todas las demás. Es un contrasentido decir que se está cumpliendo el programa del PP, cuando ha sido pisoteado, traicionado y vulnerado en todo lo demás. Es una tomadura de pelo que el presidente diga al ministro de Justicia que escuche a los barones y cambie algo para que el partido no pierda votos en próximas elecciones. Es un disparate que la oposición haga bandera casi exclusiva del aborto, e incluso trate de movilizar a toda Europa, cuando no hace nada para acabar con la crisis, con el desempleo o con la corrupción, mira para otro lado en los problemas que de verdad tienen los ciudadanos o pacta con el PP para repartirse los órganos de control de la Justicia.

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