Francisco Muro de Iscar – Empleo, empleo, empleo.


MADRID, 12 (OTR/PRESS)

Está claro que los periódicos y las televisiones tienen que hablar de lo que pasa. Y lo que pasa es Cataluña y su camino a ninguna parte; el País Vasco donde los demócratas del PNV se convierten en palmeros de los proetarras; el debate sobre el aborto; la crisis económica, la corrupción, o la imputación de la Infanta. Es normal. Pero apenas se ocupan de un asunto que es el central para las personas: el desempleo. Y si me apuran un poco, el desempleo de los más jóvenes, un cáncer que si no se corrige acabará con todos los otros problemas. No habrá futuro para nadie si no hay presente para millones de jóvenes, para millones de familias que están al borde del abismo. Es posible que Cataluña o el País Vasco abandonen sus ideas independentistas cuando sus «líderes» tengan que reconocer públicamente que no hay futuro fuera de España y de la Unión Europea. Pero cuando eso se produzca, es posible que nos hayamos cargado todo, porque el problema real es la falta de trabajo. Si Rajoy, Rubalcaba, Más, Urkullu, Fernández Toxo, Méndez, Rosell y los otros gobernantes dedicaran a promover políticas que creen empleo la mitad del tiempo que dedican a defender o combatir otras cuestiones, la desconfianza ciudadana en ellos se reduciría sustancialmente. Y entonces sí que podríamos hablar de salida de la crisis.
El 80 por ciento de los jóvenes asume que dependerán de su familia en el futuro. Casi todos ellos son conscientes de que su trabajo, si lo tienen, será precario, temporal y con sueldos mucho más bajos que los que perciben hoy los que tienen un empleo. Eso significa depender de sueldos insuficientes para sobrevivir, de pensiones bajas, pero sobre todo saber que no tienen futuro y que la sociedad que esos jóvenes deberían estar construyendo será una sociedad mísera y cargada de desigualdades.
Por eso, no sólo hay que ponerse a facilitar las condiciones para que los emprendedores puedan crear empleo, sino que hay que tomar medidas para la reindustrialización de España, la única manera de poder disponer de puestos de trabajo estables y sostenibles. El paro, especialmente el juvenil, debería ser objeto de un Pacto de Estado entre Gobierno, oposición, sindicatos y empresarios dejando a un lado cualquier otra diferencia. Da la sensación de que el Gobierno ignora a los representantes sociales y que éstos andan más preocupados de los problemas de corrupción o de la lucha por el poder que de los problemas sociales.
Es posible que algunos asuntos, como el de Cataluña, puedan solucionarse dejando pasar el tiempo, mirando para otro lado. Pero el problema del empleo exige políticas activas en lugar de dejar al parado esperando el subsidio y, cuando éste también se pierde, echando la carga sobre la familia. Entre otras cosas porque ya hay millón y medio de familias en las que nadie ingresa nada. Los políticos tienen que buscar acuerdos y fórmulas que permitan que los jóvenes se incorporen al mercado laboral. Por su propia dignidad y por la dignidad de lo que todavía llamamos Estado de Derecho.

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