Andrés Aberasturi – El laberinto catalán


MADRID, 13 (OTR/PRESS)

Según pasan los días resulta más difícil entender lo del famoso referéndum de Cataluña porque quienes lo apoyan y defienden nos dicen una cosa y su contraria, de forma que tema se está convirtiendo en verdadero laberinto.

El señor Mas, al que últimamente le da por hacer símiles muy belicistas hablando de bayonetas de hace tres siglos y de votos ahora, te asegura con idéntica contundencia que la consulta se va a hacer sí o sí cuando antes te había dicho que se hará legal o no se hará.

¿En qué quedamos? Porque para hacerla legal sólo hay un camino que lleva al fracaso anunciado y por lo tanto ese camino es imposible de recorrer.

Por si esto no fuera ya de por sí contradictorio y desconcertante, nos topamos con la hipotética situación de un Cataluña independiente sobre la que se han expresado prácticamente todos los países de la UE y los propios representantes de la misma en Bruselas: no existe la posibilidad de secesión y continuidad en la UE.

Pero eso parece que los nacionalistas catalanes lo olvidan los días pares y lo reconocen los impares. Una veces es que sí y otras es que no. ¿En qué quedamos? Sería más que conveniente que el Gobierno catalán dijera a sus ciudadanos la verdad sobre este tema que no tiene dobles lecturas por mucho que se empeñen algunos en distorsionar la realidad.

El tercer problema es nuevo: ahora se intenta desvincular lo que antes era indisoluble: el referéndum no es más que una consulta pero en absoluto vinculante. O sea, que se hace por curiosidad. No es serio.

Y no lo es porque no sólo el referéndum propuesto pretende justificar una secesión en el que caso de que se ganara, sino porque no es de recibo que ahora se quiera dar a la consulta un nivel tan bajo cuando el propio Mas adelantó -qué gran error- las elecciones porque intentó convertirlas en un plebiscito sobre el mismo tema y no contento, sigue empeñado y no descarta volver a nuevas elecciones con idéntico fin si al final lo del referéndum no sale.

El resto de problemas y contradicciones ya son conocidos: la pregunta misma y sus mil posibles interpretaciones, quienes tendrían derecho a voto y quienes no, o la ambigua posición de la segunda parte contratante de CiU, o sea, Unió además de la división interna que persiste pese a todo en el seno del PSC.

Pero sobre todo queda por resolver lo que para mí sigue siendo la gran incógnita: qué pasaría el día siguiente si se llega a celebrar el referéndum y gana la secesión por amplia mayoría. ¿Cómo iba a funcionar Cataluña, y todas las instituciones que conlleva un estado, separado de España y fuera de la Unión Europea? ¿Qué pasaría con la moneda, con las relaciones comerciales, con la seguridad jurídica, con la fiscalidad etc.?

Porque hacer un CNI propio tiene su punto de aventura que puede resultar hasta graciosa, pero ¿cómo se iban a abastecer todos los merados, los del dinero y los de la fruta? No sé; creo que todo esto se ha salido de madre y ya no hay forma de controlarlo.

Cada cual tiene su propia solución o su propia salida menos el Gobierno que parece imperturbable insistiendo en que no hay salida porque no va a haber entrada.

Es una apuesta peligrosa pero correcta siempre y cuando no se solape el problema con el dinero de todos.

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