Fermín Bocos – Disturbios en Burgos


MADRID, 13 (OTR/PRESS)

Sobre la prehistoria del conflicto que ha convertido al barrio burgalés de Gamonal en noticia de apertura de los telediarios, la voz más autorizada es la de los vecinos de la calle que el Ayuntamiento ha decidido convertir en bulevar.

Son ellos quienes deber opinar sobre lo concreto: el aparcamiento y la reducción de dos carriles de circulación. Es un problema municipal y ahí debería haber quedado.

Pero, ni ha sido así, ni parece que esté en vías de solución. Visto desde fuera, tal parece como si a la inicial protesta vecinal se hubiera uncido el malestar social de fondo que fermenta como consecuencia de la larga crisis económica que padecemos.

Como todas las ciudades españolas, también Burgos sabe lo que es el paro. Un presente de penuria que se ceba, sobre todo, en los dos extremos de la pirámide de población: los jóvenes en edad de trabajar y los mayores de cincuenta años que una vez perdido el empleo ya no vuelven a encontrar trabajo.

Si no hay trabajo y la expectativa de encontrarlo se alarga o emplaza a emigrar para buscarlo fuera, el resultado es una gran frustración. Los sucesos de Melilla, apuntan en esa dirección.

Volviendo a Burgos, todos hemos visto las imágenes de los encapuchados destrozando las cabinas de teléfonos, las lunas de los bancos y los escaparates de algunos comercios. Hay medios que apuntan que son tácticas de violencia urbana similares a las tantas veces vistas en el País Vasco. La «kale borroca».

Es pronto para saber con certeza si algunos de los jóvenes que prendían fuego a los contenedores son gente venida de fuera.
Cuando esto escribo acabo de escuchar por la radio que todos los detenidos son burgaleses o residentes en Burgos.

Es un dato, pero no zanja nada porque la violencia es rechazable venga de donde venga. La de casa y la de fuera.

Sobre la cuestión de fondo: el alcalde (Javier Lacalle) mantiene la obra y recuerda que el PP (y, también el PSOE) llevaban el proyecto en el programa electoral.

Desde su perspectiva es lógico que actúe como viene haciéndolo, pero la realidad es más ancha que lo que cabe en una urna. Quiero decir con esto que la política es el arte de no crear más problemas de los que pueden resolver los políticos.

La imagen que Burgos y los burgaleses tienen en el resto de España es magnífica. Una ciudad levítica de gente cordial, belleza singular y calles evocadoras de no pocos encuentros con la Historia.

Ni la crispación que genera un problema concreto, ni la amargura y frustración que puede fermentar en razón de la crisis económica puede cursar de manera tal que empañe la imagen de las que hasta antes de ayer era una las capitales más tranquilas de España.

Es la hora de la política.

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