Los progres del Partido Popular solo quieren niños perfectos.


El título de este artículo es duro pero responde a la realidad que estamos viviendo estos días desde que el ministro Gallardón –por fin—anunciara la reforma de la ley del aborto de Zapatero, una de las mayores atrocidades de sus legislaturas. De la noche a la mañana el DELITO de eliminar a un bebé en gestación se transformó en un DERECHO de la mujer, en virtud de opiniones de comités de expertos en el disparate y diplomados profesionales de la mentira y el eufemismo. Matar no es ético ni bueno, ni justo aunque lo diga el Tribunal Constitucional, los jueces o los políticos de turno. Matar será siempre un delito, y a las mujeres no se nos resarce de la deuda histórica de la discriminación porque nos den ¡licencia para matar! Eso solo debemos verlo con cierta tolerancia en el personaje de Ian Flemming, James Bond.

El Partido Popular que yo conocí –que no se parecía en nada a esta cosa de ahora—siempre se posicionó a favor de la defensa de la vida y los valores en general. Ese fue siempre el principal activo y la gran diferencia respecto a otras formaciones de izquierdas cuyo modus operandi pasa por la imposición del laicismo –que no laicidad—allá por donde pasan, en cualquier latitud y en cualquier época. Sobran los ejemplos.

La derogación de la ley de plazos de Zapatero/Aido era una de las propuestas del PP en su programa electoral. Pero una vez en el Gobierno, la promesa se olvidó y cientos de nascituri continuaron engrosando las listas del aborto. Nunca lo entendimos y en varios artículos e intervenciones públicas se lo recriminamos. Por fin, Alberto Ruiz Gallardón decidió abordar la reforma prometida y reclamada. Y con la buena nueva llegaron las sorpresas. Era de esperar que la izquierda en bloque se posicionara en contra y sacara del baúl los rancios argumentos del progresismo. Pero el sorpresón vino de la mano de los progres peperos, que de haber sabido que eran tantos, muchos no les hubieran prestado –que no dado— ni medio voto.

Los que estamos a favor de la vida sin excepciones, recibimos de muy buen grado el anteproyecto de Gallardón que, como gran novedad, elimina el supuesto de aborto por malformaciones. ¡Eso sí es un acto progresista!

Como muy bien arguyó el Ministro, eliminar a los inferiores es un acto de discriminación. Un acto nazi, pero nazi, nazi. Esto lo digo yo y apechugo con ello. Pero mi alegría duró poco, porque a continuación se especifica que “siempre que no cause un problema grave para la mujer”. Y aquí esta la trampa, un nuevo coladero. Porque, seamos serios: para cualquier madre, saber que el hijo que espera no nacerá perfecto, es un shock que necesita un periodo de asimilación y un gran apoyo de la familia, y en algunos casos ayuda psicológica. Igual que en otros trances de la vida, porque nuestro trayecto vital no es a la carta y hay muchas cosas que no dependen de nosotros. Por tanto, tal y como está el anteproyecto, el bebé en gestación con malformaciones seguirá desprotegido porque siempre se podrá alegar un perjuicio para la madre. Perjuicio real, porque, como es natural, todos queremos niños sanos. Eso no quiere decir que, amparados por una ley injusta decidamos matarlos. Eso se hacía en la Alemania de Hitler; exactamente eso. ¿Por qué les molesta tanto que les llamemos nazis si sus actos y las leyes que los sustentan son en su esencia como las promulgadas durante el Tercer Reich, y con los mismos fines? ¿Por qué no dicen claramente que se están aplicando técnicas y promulgando leyes para apoyar la creación de una aristocracia biológica? Se está haciendo.

Los abortos por malformaciones suelen ser muy dolorosos tanto para el nasciturus como para la madre. Muchas malformaciones no se detectan hasta que el embarazo ya está muy avanzado, cinco meses EG o más. Mejor no les cuento la carnicería. Tengo en mi archivo un vídeo que si las madres lo visionasen se abstendrían de cometer tal atrocidad. Pero de esto los médicos aborteros no quieren oír hablar porque su estatus económico depende de este negocio de muerte. Ahora están en contra del anteproyecto de ley porque podría minimizar su negocio y su seguridad jurídica.

Los profesionales del eufemismo trabajan duro y con afán lanzando sus mentiras manipuladoras. La sociedad ya está interiorizando términos como “malformación incompatible con la vida”. ¿Con qué vida?, les pregunto. ¿La de la gente eternamente joven, perfecta y sana? Todo ser concebido tiene derecho a vivir aunque no pueda echar discursos o jugar al fútbol. ¿A dónde va esta sociedad loca que deja sin derechos a sus seres más indefensos para luego eliminarlos con total impunidad? En un futuro nos verán como monstruos.

¿A dónde va el Partido Popular?, tan gemelo en casi todo del Partido Socialista, ¡quién lo iba a decir! Era público que en el periodo previo al polémico congreso de Valencia, donde ya no tenían cabida ni María San Gil, ni Ortega Lara, ni tantos otros, empezaron a soplar los vientos del nuevo paradigma. Era notorio que una ola laicista con categoría de tsunami estaba barriendo los valores atemporales por los que siempre se había regido el PP. Sabíamos que los nuevos miembros de la cúpula –hombres y mujeres—no se diferenciaban en nada a los laicistas de la izquierda. Con una diferencia: estos son mucho más congruentes y defienden públicamente su ideología aunque sea disparatada. Los nuevos del PP –que son los que tienen el poder ahora— no defienden nada porque no creen en nada que no sea dinero, dinero, dinero. Sabíamos todo eso, pero nunca imaginamos que se posicionarían contra la propia ley del aborto de su partido. ¿Cómo lo justificarán ante su electorado más conservador cuando llegue la hora de la verdad?

Núñez Feijóo, Monago, Cospedal, Sáenz de Santamaría, Cifuentes, Villalobos y un largo etcétera solo quieren niños perfectos y se suben al carro de la ideología laicista. Dicen que el anteproyecto es “mejorable”, y tienen razón; es muy mejorable. Sería mejor que se eliminase cualquier excepción. Pero ellos lo dicen en otro sentido. Rajoy les pide que no hablen en público de ello, no vaya a ser que una parte de sus votantes se queden en casa el día de los comicios o voten por algún partido minoritario que defienda la vida. ¡No sería un voto inútil! Celia Villalobos pide libertad de voto y me parece bien. Que voten en conciencia –así debería ser siempre—, pero nada de voto secreto. ¡Que se retraten! Los ciudadanos deben saber lo que piensan sus representantes, sobre todo en materias tan trascendentes. Pero, ¿son realmente nuestros representantes? Porque visto lo que ya nos hemos acostumbrado a ver, más bien parece que se representan a sí mismos.

¡Con qué cara pueden presentarse estos progres del PP ante un colectivo con síndrome de Down o con cualquier otra malformación o enfermedad rara! Siempre lo hacen para almidonar su imagen, pero, ¿se atreverán después de esto a mirar de frente a alguna de estas personas que de ser por ellos no habría nacido? ¡Qué lástima que sean tan frívolos! ¡Qué pena que solo les preocupen los votos!

En medio de tanto progre opaco, brilla como siempre Esperanza Aguirre, oportuna, coherente y valiente. Está en contra del aborto y lo dice a pesar de la corriente relativista del partido. Ole sus narices y su independencia una vez más.

En este estado de cosas no sabemos qué ocurrirá con la tramitación de la ley, pero mucho nos tememos que el útero materno va a seguir siendo uno de los lugares más peligrosos del planeta, sobre todo para los pobrecitos bebés imperfectos. La mujer tiene derecho sobre su vientre, sí, pero antes de que un nuevo ser humano lo ocupe para realizar el gran milagro de la vida.

___________________
Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
✉ periodista@magdalenadelamo.com
Suscripción gratuita
.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA
Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído