Antonio Casado – Marcha atrás en Burgos


MADRID, 15 (OTR/PRESS)

La presión vecinal le paró los pies al alcalde de Burgos. De momento se suspenden las obras de soterramiento de la avenida de Vitoria, con sus derivadas de parking de explotación privada (y otro de uso libre a cielo descubierto, a todas luces insuficiente para los 60.000 habitantes del barrio), peatonalización de la vía, carril bici y otros elementos del proyecto cuya necesidad no es sentida por unos ciudadanos muy castigados por el paro y la crisis económica.
Hay una directa relación efecto-causa entre la medida del alcalde, Javier Lacalle, y el levantamiento de los vecinos de Gamonal. Lo viene a reconocer él mismo al anunciar unas mesas de diálogo en las que todas las partes expliquen sus posiciones, incluidos los vecinos. Si ahora se abren esos cauces de diálogo, como eventual camino a recorrer hacia la solución del problema, es porque antes eran inexistentes o porque falló su funcionamiento. Solo así se entiende la cólera de unos vecinos pidiendo a voces que se les escuchase, so pena de seguir boicoteando las obras. Y de seguir televisando la rebelión, lo cual activó la cadena de mando político en el PP e indujo la marcha atrás del Ayuntamiento.
El pensamiento políticamente correcto se atiene a las generales de la ley: por legítima que sea, no es aceptable el uso de la violencia. O bien: la democracia se hace en las instituciones, no la calle. Son los burladeros clásicos del poder. Me pregunto por qué ha de ser de peor condición la democracia participativa (manifestación, reunión, asociación, expresión) que la representativa (Congreso, Senado, Gobiernos nacionales, autonómicos y municipales). Los movimientos instintivos de la ciudadanía, como una protesta callejera movida por una causa de malestar compartido, no son sujetos políticos a los que puedan aplicarse los razonamientos de uso habitual para valorar el trabajo de un Ayuntamiento u otra entidad institucionalizada a partir de las urnas.
En todo caso, bien está lo que bien acaba, por ahora, si nos atenemos a la razón última del alcalde al anunciar la paralización de los trabajos en la avenida de Vitoria de Burgos. Alegó Javier Lacalle que en estas condiciones es imposible garantizar la seguridad de los operarios de la empresas adjudicatarias de la obra. Pero ese argumento quedó subsumido por otro más noble, más juicioso y mucho más prometedor de cara al futuro. Dijo el alcalde que la convivencia entre los burgaleses vale más que cincuenta obras. Pues eso. Aplíquese el cuento, porque ni los burgaleses ni el resto de los españoles, que han presenciado el conflicto en primera fila de sus televisores, desean seguir viendo a los vecinos de Gamonal en pie de guerra.

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