Rafael Torres – Horrach y el fin del mundo


MADRID, 15 (OTR/PRESS)

Ya podía la Fiscalía Anticorrupción, o cualquiera otra, haberse empleado en la macro-estafa de las Preferentes, esto es, en el auxilio de sus innumerables víctimas y en la punición de los culpables, con la misma energía y determinación que en la defensa de Cristina de Borbón, con cuya segunda imputación no parece sino que se vaya a acabar el mundo.
Diríase, sin embargo, que el fiscal Horrach percibe que algún mundo pudiera acabarse, cual se desprende de sus calificaciones a la actuación del juez Castro, vencida, según él, hacia las «teorías conspiratorias» y hacia la confusión deliberada entre lo inmoral y lo delictivo. Pero ese mundo en riesgo por la imputación de la Infanta, y por su forzosa declaración en el Juzgado de Palma con o sin paseillo, es el que los españoles necesitan y exigen que se extinga, pues lo identifican con el del privilegio y el de la impunidad de las castas «superiores».
Al metódico, exhaustivo y fundamentado auto de imputación del juez Castro responde el fiscal Horrach con un virulento alegato en favor de la copropietaria de Aizoon, como si le constara, antes de practicada la elemental diligencia de su deposición ante el juez, su inocencia.
Curiosa forma de defender la legalidad y los derechos e intereses de los ciudadanos, muchos de cuyos bienes comunales fueron a parar ilegalmente a la sociedad que la imputada usaba para pagar sus gastos personales. Acierta Horrach, sin duda, en la apreciación de que no debe confundirse lo inmoral con lo delictivo, pero no así en su resistencia a que el juez determine libremente, profesionalmente, en conciencia, sin presiones, en qué medida lo primero, comprobado por las pesquisas y de dominio público, actuó de vaso comunicante con lo segundo, a fin de asignarle, en su caso, el correspondiente reproche judicial.
En la presunta participación de la Infanta en el caso Nóos, que es lo que nos ocupa, se dirime algo más que un delito fiscal o de blanqueo, bien que con ser éstos muy graves. Se pone a prueba, pero en una prueba crucial y definitiva, la democracia y su pilar fundamental, la igualdad ante la ley. Algunos parecen temer que con este caso puede acabarse el mundo, cierto mundo, pero la mayoría no lo teme, sino que lo necesita y lo desea ardientemente.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído