Fernando Jáuregui – Periodismo del de antes


MADRID, 22 (OTR/PRESS)

Escribo, lo confieso, bajo el impacto de la muerte de Manu Leguineche, inmenso periodista, inmensa persona, a quien jamás pude devolver el inmenso cariño que me dedicó al presentar mi primer libro y durante tantos copiosos, demorados, almuerzos. Era un representante del periodismo «de antes», el que se hacía presencialmente, viendo, tocando, manchándote con la noticia, almorzando, bebiendo y riéndote con ella. Manu sabía bien que «noticia es todo aquello que alguien no quiere que se publique». El periodismo en el que estamos cayendo, todos, empieza a considerar exactamente lo contrario: noticia es aquello que alguien sí quiere que se publique. Progresando por ese camino acabaremos llegando al mero comunicado de prensa, al «remitido», y lo llamaremos información, y con esa bazofia nutriremos nuestros medios. Puede que ya lo estemos haciendo en alguna medida.
Y, en cuanto a pisar el terreno, simplemente estamos abandonando el periodismo presencial, el que consiste en mirar a los ojos a tus fuentes, en calibrar el temblor de su voz para comprobar si te está mintiendo. Nos hemos convertido en una «generación Google», en adictos a esa droga llamada Wikipedia: cortamos, pegamos y deglutimos lo que nos cuenta la Red y aquí paz y después gloria. Que investiguen, que verifiquen, otros. Peor: denigramos a quien investiga, señalamos a Assange, a Snowden, al director del «Guardian» y hasta a los sabuesos que han denunciado la corrupción en China, como presuntos desestabilizadores del sistema. Unos peligros para el orden constituido, porque, por ejemplo ¿a quién se le ocurre revelar que Obama espía en la cocina de la señora Merkel, por ejemplo, cuando la razón de Estado (de Estados Unidos) ampara la necesidad de tales escuchas? En fin…
Luego vino la crisis económica, que acabó con el antiguo concepto de reportero de guerra -hoy casi se pagan ellos los viajes, y aprovecho para enviar mi afecto a los compañeros Javier Espinosa y Ricardo García, secuestrados por la horrenda situación en Siria-. La siguió la crisis moral, que acabó, simplemente, con el reportero, sin adjetivos. Escucho demasiadas veces la frase «el periodismo ha muerto» como para no preguntarme si no habrá algo de verdad en esta afirmación. Pero tú, Manu, hermano, ya estabas tiempo hace ajeno a estas reflexiones, que a algunos quizá les suenen como a prejubilación, o a algo peor.
Y así vamos, Manu, hermano, andando como el cangrejo, pero no hacia el pasado, sino hacia el abismo. He sabido de tu muerte anunciada y me he lanzado a un sinfín de reflexiones tristes, de recuerdos de cuando hacíamos aquel periodismo de antes. Perdona si me pongo en plan abuelo Cebolleta, sentimental, con lo que a tí te chinchaba -vamos a decirlo así- cuando alguien se te ponía tierno durante esta, tu demasiado larga, no sé si muy bien soportada, enfermedad. No hay sino un consuelo cuando te quedas sin alguien que para tí era un ejemplo: saber que ese ejemplo se convierte en un referente, que alcanza la gloria. Jo, Manu, qué solos nos dejáis los tipos como tú, aquí abajo, con este periodismo de ahora, que debería ser el de antes, el de siempre, y no lo es.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído