A vueltas con España – El plan de Rajoy para Cataluña.


MADRID, 26 (OTR/PRESS)

Mariano Rajoy, presidente del PP y del Gobierno, ha ido a Barcelona a un acto de su partido, en el que no aportó propuestas concretas sobre la llamada cuestión catalana. Días antes, en una entrevista en televisión había dicho que tenía un plan para Cataluña, que no iba a revelar.
La prensa de derechas de Madrid ha jaleado al presidente del Gobierno y el diario El País y la prensa catalana han denostado al también líder del PP por no ofrecer soluciones o alternativas al reto independentista de Cataluña. En resumen: nada nuevo, ni en la política ni en los medios.
¿Es verdad que Rajoy tiene un plan? Si lo tiene, puede guardar relación con alguno de estos tres escenarios: 1) frenar por tierra, mar y aire la ola independentista, sin descartar el choque de trenes; 2) negociar -con o sin el apoyo del PSOE- una salida integradora, se supone que distinta de la actual situación, para que pueda ser aceptada por los catalanes, y 3) no hacer nada pero impedir que pueda pasar algo, sin que haya choque de trenes.
La primera opción tiene mala pinta, ya que entraña muchos riesgos; tal vez demasiados. La segunda, se supone que basada en un cambio constitucional, podría ser la mejor y la más asequible para un gobierno fuerte del PSOE o incluso para un gobierno de concentración nacional, formado por PSOE y PP, pero no parece tan al alcance del PP en solitario. La tercera, en cambio, es la más fácil, e incluso es más del estilo de Rajoy, un abanderado de que nunca pasa nada y un convencido de que si algo pasa, tampoco pasa nada.
¿Y cuál es la tercera opción? Podría ser la que los portugueses llaman la «bomba atómica», que en su caso es competencia exclusiva del presidente de la República; léase, anticipar elecciones. Si Mariano Rajoy ve las cosas muy complicadas tras el verano, a punto de cumplir su tercer año de mandato, puede dar por agotada la legislatura, convocar elecciones y dejar a catalanes y socialistas en fuera de juego, cumpliendo así su palabra de que siendo él presidente del Gobierno ni habrá consulta ni independencia de Cataluña. Ni siquiera elecciones autonómicas plebiscitarias en Cataluña, que en el mejor de los casos sufrirían un retraso, al prevalecer la convocatoria de las generales. Para el PP todo serían ventajas: los socialistas no tendrían hechas sus primarias ni tendrían tiempo para hacerlas y los catalanes, en ausencia de referéndum, no votarían en autonómicas plebiscitarias sino en clave de generales, donde como de todos es sabido nunca ganan los nacionalistas y menos aún los independentistas.

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