Fermín Bocos – El plantón de Aznar


MADRID, 29 (OTR/PRESS)

El resentimiento es una pasión inocultable. El doctor Marañón estudió con lucidez este fenómeno que cuando marca la condición humana impulsa conductas que afean biografías notables. Lo que más llama la atención es que donde habita el rencor antes acampó el afecto. Desde Tiberio hasta nuestros días, la Historia está llena de episodios generados por este sentimiento. El último conocido tiene como protagonista al ex presidente José María Aznar. Como se sabe, pese a su condición de presidente de honor del PP, no acudirá a la convención que celebra su partido en Valladolid.
La excusa ofrecida -compromisos de agenda-, no resiste la prueba de la sinceridad. Aznar que cuando presentó el segundo tomo de sus memorias dijo en voz alta que «tomaba nota» de la ausencia de quienes habían sido sus compañeros cuando estaba en el Gobierno, parece que no ha digerido la imagen de aquel bosque de espaldas. Recuerda que ni Rajoy ni sus ministros le arroparon en aquella ocasión, pero parece haber olvidado que unos días antes había criticado con aspereza la política del Gobierno.
En una reciente entrevista Mariano Rajoy confesaba que hace tiempo que Aznar no visita La Moncloa. El distanciamiento que nace de la discrepancia política parece haberse trasladado a las relaciones personales. Es normal que Aznar recuerde que Rajoy le debe mucho. Todo -pensará en su fuero interno-, puesto que suya (de Aznar) fue la decisión de señalarle como sucesor. Pero, a la hora de hacer política, esa circunstancia no le otorga vara alta junto a la oreja de Rajoy. El «aznarismo» caducó cuando Aznar decidió renunciar voluntariamente a seguir al frente del PP y en la primera fila de la política.
Pretender que Rajoy se dejaría tutelar era tanto como desconocer la primera de las leyes de la política. El poder no se comparte. Luego están las opiniones de unos y otros acerca de la forma de gobernar de Rajoy. Tienen mala memoria quienes desde posiciones cercanas a Aznar reprochan la tibieza o el «quietismo» de Rajoy en relación con la deriva separatista de Artur Mas. Ya se han olvidado de que a requerimiento de Jordi Pujol, Aznar defenestró a Alejo Vidal-Cuadras.
Fue en aquellos días en los que descubrimos que «hablaba catalán en la intimidad», pericia que le vino de perlas a la hora de firmar el «Pacte del Majestic» con los dirigentes de Convergencia, el partido que, por cierto, encabeza la deriva independentista. Lo peor del resentimiento es que tiende a ofuscar la memoria.

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