Charo Zarzalejos – El bálsamo de Ana Botella


MADRID, 30 (OTR/PRESS)

Ana Botella y José María Aznar son un matrimonio muy bien avenido. Existe entre ellos una suerte de complicidad según la cual uno respeta el territorio del otro y viceversa. Mientras uno, José María Aznar no oculta el distanciamiento existente entre él y Mariano Rajoy, a Ana Botella, alcaldesa de Madrid no le cuesta nada reconocer su buena relación con el Presidente del Gobierno de quien siempre ha recibido un trato exquisito. Fue el Presidente el que la invitó a volver con él en el mismo avión después del varapalo recibido en Buenos Aires, cuando España quedó fuera de juego a las primeras de cambio. Pensó Rajoy que para ella sería más cómodo.
El viaje, en este caso a Filipinas, ha sido el argumento dado por el presidente de honor del PP para no asistir a la Convención que hoy se inicia en Valladolid. Cuesta creer que sabiendo de la cita de su partido hace ya algunas semanas, su estancia en Filipinas no hubiera podido ser cambiada de fecha y cuesta mucho más imaginar que Aznar no ha calibrado las interpretaciones que se podían dar a su ausencia. Pero ha decidido no ir, cosa que ya hizo en otra ocasión.
Sería engañarse pensar que es irrelevante que Aznar asista o no la Convención. Sin embargo, una cosa es que no sea irrelevante y otra que su ausencia signifique poco menos que el PP se hunde. Y ha sido en este contexto, en el que se han generado noticias convulsas para el PP cuando ha intervenido Ana Botella. No se ha tratado de un gran discurso. Le ha bastado una frase -«no hay fractura», ha dicho- para inocular en los ánimos «populares» una cierta dosis balsámica.
Las breves palabras de Ana Botela han resultado más que oportunas para los militantes y afiliados del PP. Fuera de ahí se pueden creer o no, pero cuando ha dicho esto pudiendo estar callada, ha apaciguado algunos ánimos. No es lo mismo que lo diga Cospedal, muy en su papel de secretaria general, a que lo diga Ana Botella. La actual alcaldesa de Madrid ha jugado siempre a evitar distanciamientos, hasta el punto de que el único encuentro entre Rajoy y Aznar fue debido en gran medida a sus buenos oficios y es que como suele decir, con toda la razón del mundo, los hombres no saben hablar entre ellos. Estos buenos oficios en aras de una mínima concordia nunca le han llevado a considerarse quién para impedir que su marido expresara sus opiniones. En esta ocasión y así lo creen en el PP, la «opinión» de Aznar la ha dado Ana Botella. Una frase, dicha en el momento oportuno por la persona oportuna, es capaz de modificar algunos ánimos. Así de vulnerable es la política.

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