Fermín Bocos – El mensaje de la convención


MADRID, 31 (OTR/PRESS)

La Convención que el PP celebra este fin de semana en Valladolid llega precedida de ciertos conatos de entropía. Hay mucho ruido en el sistema. Sobre todo, mediático. El plantón del ex presidente Aznar y el portazo despechado de Vidal-Cuadras han tenido eco. En cierto sentido acrecido por el silencio de Mariano Rajoy.
Es probable, pero no seguro, que en el transcurso de su discurso ante la Convención refute a quienes acusan al Gobierno de indolencia frente al órdago de los separatistas catalanes. Acusación a mi modo de ver injusta. Digo que no es seguro que el Presidente entre en ese registro -ni que hable del presunto cambio en la política anti terrorista, acusación recurrente del «tea party»- porque Rajoy no es tribuno dado a la polémica y porque parece que su intención es hablar de la recuperación de la economía. En este caso, hablar del fin de la recesión.
Idea presentada como pórtico de la cuenta atrás de la crisis que ha tenido -y todavía mantiene- postrado al país más allá de los grandes números positivos. Sobre todo los que retratan el flujo de negocios en el sector exterior. Ganancias de los bancos, crecimiento de las exportaciones, buen balance del turismo. Pero, frente a esta fotografía en color, permanece el blanco y negro sombrío del paro que no baja del 26%.
Parece lógico que Rajoy -y con él quienes le van a acompañar en la tribuna de oradores- pretendan que el mensaje, el poso en la memoria que deje la reunión de Valladolid, sea que estamos en vísperas de dejar atrás la pesadilla de la crisis. No hay que olvidar que dentro de cien días los ciudadanos seremos llamados a votar en los comicios europeos. Comicios para los que las encuestas no auguran resultados muy halagüeños al PP.
El Gobierno se ha desgastado mucho. Lo más abrasivo, sin duda: la política fiscal. Las clases medias -principal caladero de votos populares- están siendo exprimidas. Es un descontento que puede cursar en forma de toque de atención en las urnas en una cita -el Parlamento Europeo-, que, pese a su importancia formal la gente no percibe en términos similares a la trascendencia que aparejan unas elecciones legislativas. Quiero decir que podría producirse un voto de castigo o de abstención significativa de los votantes o simpatizantes populares en la idea de que el resultado no cambiaría el Gobierno.
Todos estos matices, sin duda, están en el ánimo y la preocupación de los actuales dirigentes del partido. Mucho más que el feo del plantón de Aznar. Lo lógico es que a Rajoy no le haya hecho ninguna gracia, pero estoy seguro que no le oiremos decir una palabra más alta que otra. Quizá porque como todo aquél que tenga un poco de sentido común debe pensar que el desplante a quien ha retratado es al ex presidente del Gobierno.

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