Entre periodistas y con Pedrojota a cuestas


MADRID, 6 (OTR/PRESS)

Cuando era un joven aprendiz de periodista, e intentaba abrirme paso, cometí la inmensa gilipollez de meterme con los periodistas encumbrados, circunstancia de la que me arrepiento. Veo que la fórmula se sigue empleando dos generaciones después, y acabo de leer la embestida de un periodista desconocido sobre el conocidísimo Pedrojota Ramírez.

No soy amigo de Pedrojota, no nos visitamos a cenar en las casas respectivas, ni nos felicitamos las navidades, pero le conozco algo, entre otras razones porque Antonio Alférez y él me ofrecieron, y yo acepté, escribir una columna a la semana, en la contraportada del desaparecido Diario 16.

Es difícil querer a Pedrojota, porque él no va de afectos, pero es muy sencillo respetarle, porque defiende el criterio y la libertad de las personas que trabajan a sus órdenes.

Tiene defectos. Como todos. Mi padre, que ya no está conmigo, también los tenía. Se habla mucho de su ego, como si el ego fuera una extravagancia en el Periodismo, o una rareza en la Política, la Universidad, la Literatura o la Música.

Posee un currículo profesional para dar envidia, y su libro «El primer naufragio», que me regaló y me dedicó, es una obra sólida, documentadísima, de lectura apasionante, que enorgullecería a cualquier historiador o a cualquier novelista, y que los franceses van a disfrutarla en su idioma.

Pedro ha sufrido la persecución del poder en el pasado, hasta el punto de asaltar su intimidad y de moverle el sillón, consecuencia de lo cual fue la muerte de un periódico y el nacimiento de otro.

Creo que en esta ocasión no ha sido el poder el causante del efecto de su cese, o, al menos, no el factor básico y fundamental, pero también he aprendido un aforismo que me contó, una noche en la Cope, una mujer que había estado de niña en el campo de concentración de Mauthausen, logró salir viva de allí, y residía en el sur de España:

«La mayoría de los judíos sufrimos manía persecutoria. Pero, en el fondo, puede que tengamos razón».

Por cierto Pedrojota no es judío. Más bien es de Logroño.

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