Cayetano González – Demasiados pescadores


MADRID, 10 (OTR/PRESS)

La imagen de la Infanta Cristina de Borbón entrando el pasado sábado en los juzgados de Palma para declarar durante siete horas como imputada en el caso «Nóos» ha sido, lógicamente, un acontecimiento informativo de primer orden, no solamente en España, sino también en otros Países, fundamentalmente en aquellos donde existe la Monarquía como forma de Estado. Y eso, habrá que aceptarlo, no es bueno, ni para la propia Monarquía que encarna el Rey Juan Carlos, ni para la imagen de España ya que este tipo de acontecimientos son analizados con lupa en los ámbitos de influencia internacionales.
Pero las cosas son como son, no como uno desearía que fueran. Y la declaración de la Infanta Cristina tiene también sus ventajas. Como se encargaron de destacar sus abogados al acabar el largo interrogatorio al que fue sometida, de alguna manera se ha hecho realidad eso que el propio Rey afirmó en su discurso de Navidad de hace dos años cuando dijo que todos somos iguales ante la ley. Cada uno podrá pensar lo que quiera sobre si la Infanta tendría que haber solicitado antes declarar voluntariamente; o si en su declaración del pasado sábado estuvo evasiva, acogiéndose con reiteración al argumento de que ella confiaba plenamente en su marido y que no se enteraba de nada. El hecho es que por primera vez en la historia de la Monarquía, uno de sus miembros ha acudido como imputado ante un juez. A partir de ahí habrá que esperar a ver cual es la decisión final del magistrado en relación a si mantiene o no la imputación de la Infanta de cara al juicio oral que en su día se llevará a cabo.
Dicho todo lo anterior, lo que no es aceptable es que algunos quieran aprovechar este episodio para pasar factura a la Monarquía y a la persona que la encarna desde hace casi cuarenta años, el Rey Juan Carlos. Dice el refrán que «a río revuelto, ganancia de pescadores» y da toda la impresión que hay demasiados «pescadores» en la orilla del río. Ese no es el debate que ahora toca. No soy de los que crea que la Monarquía deba de ser un tema tabú, pero sería desenfocar claramente la cuestión si se la pusiera en solfa como forma de Estado por la conducta, presuntamente delictiva, de uno de sus miembros.
La Monarquía y de forma específica el Rey ha prestado muy importantes servicios a nuestro País para y desde la transición política. Es verdad que en los últimos tiempos se han cometido errores que han deteriorado la imagen pública tanto de la Institución como de la persona que la encarna. Pero, hoy por hoy, en la balanza, es mucho más lo positivo que lo negativo. Déjese a la justicia que siga su camino con los Duques de Palma y, eso sí, si no es mucho pedir, que lo haga con un poco mas de celeridad.

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