Obana y Hollande en la Casa Blanca: la erótica del poder

Al final, la ciclogénesis amatoria se ha quedado en marejadilla ceremonial.

La Casa Blanca ha destruido las 300 invitaciones impresas con el nombre de Valerie Trierweiler, protocolo de soltero para Hollande y aquí paz y después gloria.

Hasta Michelle Obama se sentirá aliviada, porque en lugar de dedicarse a tomar el te, visitar colegios y fingir sonrisas, podrá hacer lo que le de la gana durante dos días.

Eso que eufemísticamente se llama la erótica del poder nos gusta más a los periodistas que a un chivo la leche, pero qué más da quién baila con quién o cómo se sientan las parejas en el ágape de la Sala Este.

No es en clave de cuernos como hay que analizar la visita de Hollande a Obama, sino en clave de poder internacional.

A la luz de la relación que existe ahora entre Francia y EEUU, casi parece inimaginable que hace poco más de una década se alterase por decreto en los menús de las tres cafeterías del Congreso el nombre de las patatas fritas –pasaron de ser ‘French Fries’ a llamarse ‘Freedom Fries’- en represalia por la oposición de la diplomacia francesa a la invasión de Irak.

Los antaño díscolos galos han estado peleando con denuedo en Afganistán, apoyaban el castigo que Obama quería infligir al sirio Asad y hasta se han fajado a fondo en la lucha planetaria contra Al Qaeda, mandando a sus comandos a Mali y las profundidades del Sahel.

En la cama no parecen de fiar, pero en el campo de batalla parce que siempre se puede contar con ellos.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA
Autor

Alfonso Rojo

Alfonso Rojo, director de Periodista Digital, abogado y periodista, trabajó como corresponsal de guerra durante más de tres décadas.

Lo más leído