Más que palabras – Italia y la conspiración.


MADRID, 15 (OTR/PRESS)

Berlusconi, Prodi, Monti, Bersani… Los italianos han visto caer cinco ejecutivos en 10 años y ahora asisten un nuevo golpe de timón de la República. La dimisión de Enrico Letta, sólo 10 meses después de formar su gabinete, es una muestra más del cainismo que vive, desde hace muchos años la política italiana. He viajado a Italia varias veces últimamente y por lo que me comentaban algunos colegas se tenía la sensación de que Letta era un primer ministro serio, que se había ganado la confianza y el respeto de Bruselas, algo importantísimo en tiempos de crisis.
Lo que llama la atención del asunto es que a Letta no le ha matado la oposición sino sus propios compañeros de partido. Cuentan los cronistas que la izquierda Italiana famosa por su tendencia suicida, por su guerras fraticidas, se ha superado esta vez a sí misma. El secretario general del Partido Demócrata Matteo Rezzi, que ha forzado la dimisión del primer ministro para arrebatarle el gobierno sin celebrar elecciones, consiguió que la dirección del partido votará favor de darle una patada en el trasero a Letta y su propuesta fue aprobada nada menos que por 136 votos a favor 16 en contra y dos abstenciones.
Dicen que la traición se ha ido gestando poco a poco, sin prisas pero sin pausa, que ha sido una guerra sucia plagada de golpes bajos. Reconozco que me ha divertido mucho leer cómo se las gastan los italianos, incluso con el hombre que asumió la difícil tarea de liderar un gobierno contranatura, en coalición con la derecha, para sacar al país de la ingobernabilidad absoluta al que le habían llevado las elecciones generales. Y por sí fuera poco resulta que el que puede ser nuevo primer ministro cuenta con las bendiciones de Berlusconi. ¡Vivir para ver!.
Italia se mueve en la inestabilidad como pez en el agua y esta siempre en permanente transición lo que no impide que ¡milagrosamente! el país avancé a pesar de su clase política gracias a su activa sociedad civil. Si demuestra vale un botón en la última década ninguno de los cinco gobiernos que habido ha completado la legislatura, algo que hoy por hoy sería casi impensable en nuestro país.
Comparado con los italianos -y aunque aquí también tenemos expertos Maquiavelos en todas las formaciones- nuestros políticos son casi casi almas de la caridad. Es verdad que eso de «al suelo que vienen los nuestros» es palabra de Dios, el pan nuestro de cada día y que casi siempre los peores adversarios, los más despiadados, e inmisericordes no están en los partidos opuestos sino en las propias filas, pero al menos aquí se ha respetado la figura del inquilino de la Moncloa cuando aún está en ejercicio. En España hay conspiraciones, maniobras secretas, codazos, zancadillas y navajadas para nombrar a candidatos a cualquier puesto de relumbrón. Pero el presidente del Gobierno cuando recibe la bendición de las urnas termina convirtiéndose en Dios para los suyos y pocos se atreven a llevarle la contraria y aún menos a doblarle el pulso.
Ultimamente hemos visto curiosos ejemplos de ello. Al fin al cabo el jefe es el jefe y aquí quien manda manda. Bueno, hasta que deja de mandar…

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