Fermín Bocos – Gestos de decencia


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

Ausentes los intelectuales, algunos artistas toman el relevo y se comprometen en defensa de la libertad o para denunciar alguna injusticia. Relevo apoyando causas que por ser de justicia reclaman una palabra dicha en voz alta.
En las noticias de estos días tenemos ejemplo: Alejandro Sanz, Carlos Vives, Paulina Rubio y otros cantantes han condenado los actos de represión perpetradas en Venezuela por el régimen chavista que encabeza Nicolás Maduro. También el jugador del Real Madrid Luka Modric, a través de Twiter, se ha sumado al toque de atención. Modric, nacido en el seno de una familia croata que padeció el horror de la guerra, acredita con su salida a escena una sensibilidad que le honra.
Por lo que tiene de gesto de decencia, toda voz que se alza frente a la arbitrariedad merece ser reconocida y escuchada. Máxime cuando se trata de personajes públicos a los que un gesto de esta naturaleza les puede acarrear todo tipo de denuestos. Le ocurrió en el pasado a Miguel Bosé y también a Carlos Vives cuando criticaron la falta de libertad que padece Cuba. Ya digo que nada me parece más decente que levantar la voz para denunciar un atropello a la libertad o para defender una causa justa.
Es lo que en otro registro ha hecho George Clooney diciendo que Inglaterra debería devolver a Grecia los «Mármoles Elgin». Se trata de las esculturas de Fidias -16 metopas, más de 70 metros de los 160 de los frisos originales- que a principios del siglo XIX éste lord inglés mandó arrancar de la fachada del Partenón para llevárselos a Londres.
La inolvidable Melina Mercouri que impulsó la construcción del modernísimo nuevo museo donde se pueden admirar todos los hallazgos arqueológicos encontrados en las excavaciones de la Acrópolis murió con la tristeza de no haber conseguido que el Museo Británico restituyera los frisos. Como siempre hay un tonto de guardia -o un bocazas-, a Boris Johnson, alcalde de la capital británica, sólo se le ha ocurrido decir que Clooney «estaba defendiendo la agenda que tenía Hitler para los tesoros de Londres».
Desde la elegancia que le caracteriza, el actor americano ha replicado con ironía achacando al whisky el exabrupto del alcalde. Mucho whisky, sin duda. En fin, resulta encomiable que en ausencia de otras voces -la de quienes presumen de intelectuales-, haya gente digna que acredita una gran sensibilidad para apreciar lo que es justo. Conviene anotarlo en estos tiempos en los que prima el insoportable lujo de la neutralidad.

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