Que Bruselas se moje de una vez en el drama de los inmigrantes africanos


MADRID, 21 (OTR/PRESS)

En una imagen tal vez poco afortunada, el presidente de Melilla, Imbroda, dijo que si las Fuerzas de Seguridad del Estado no podían hacer uso de los medios disuasorios, pondría azafatas en la frontera para dar la bienvenida a los inmigrantes.

Pero esa declaración, sin duda exagerada, no deja de tener un fondo de verdad porque el problema -y lo llevamos viendo muchos años, los suficientes como para haber aprendido- no tiene una solución a corto plazo y menos aun si Bruselas no sólo se empeña en no admitir este asunto como suyo sino que además pide cuentas sobre las actuaciones a los países que son «su» frontera con Africa, la frontera de la propia Europa.

Me parece de una hipocresía fuera de lo normal cuando Francia ha tomado decisiones drásticas y muy discutibles sobre el tema, Suiza decide lo que decide y hay un movimiento generalizado y peligrosísimo en toda Europa de partidos xenófobos.

Y es que por mucho que se discuta no hay solución posible que frene de un día para otro estos asaltos por tierra y mar: o se cumplen a rajatabla todos los convenios sobre derecho humanos, o no se cumplen.

En el primer caso, desde los muros a las pelotas de goma pasando por las devoluciones en caliente y hasta el hacinamiento de los inmigrantes en los centros de acogida, todo rozaría la ilegalidad. Si no se cumple las reglas que nos hemos dado cuando estos problemas no existían o eran puntuales y menores, entonces estamos sencillamente perdidos porque la vida de un ser humano está por encima de todo.

Si alguien tiene la solución justa, que por favor lo diga.

Y es que no hay otra. Da igual que sean treinta mil o tres mil los que esperan el momento adecuado para pasar la frontera. Sean los que sean son víctimas de una situación dramática creada en la mayoría de los casos por una descolonización interesada y egoísta de los gobiernos europeos, en busca de una esperanza remota.

Si a Bruselas -como a mí y a muchos- le preocupan los métodos represivos, que se moje de una vez en el problema y se busquen soluciones en lugar de exigir responsabilidades, que se organicen en los países de origen los flujos migratorios y se controlen los cupos y destinos de quienes puedan pasar. Y mientras, como estas cosa no se hacen de la noche a la mañana, que se preocupen del desarrollo de esos países, que se invierta, que se eduque, que se les de una sola razón para que no tengan que jugarse la vida pagando a una mafias. Y ya puestos, que se haga algo con esas mafias ¿o no puede la Unión Europea saber el origen del problema?

Lo que desde luego no es de recibo es dejar a Italia y a España solas ante el problema y encima pedir explicaciones de sus conductas. No, aquí o colaboramos todos o esta baraja en lugar de romperse se reparte por igual: que entren los que quieran, se les ayuda y se les facilita su llegada a Francia, Alemania etc.

¿Estarían de acuerdo el resto de países de la UE? Con los millones de parados que hay en España es imposible absorber esta entrada masiva y constante. Pero no resulta nada agradable para nadie -y menos para la Guardia Civil- ser los malos de la película.

Hay una realidad objetiva que es la que es y la que parece que va a seguir siendo.

Que Bruselas diga cómo quiere defender sus fronteras y de qué forma va a colaborar. Ni recuerdo el tiempo que llevamos desde las primeras pateras a Canarias, pero es el suficiente como para haber resuelto el problema si es que el problema tiene solución.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído