Rafael Torres – La utopía contra el WhatsApp


MADRID, 24 (OTR/PRESS)

Pío Baroja puso en labios de Eugenio de Aviraneta, el guerrillero y agente liberal del primer tercio del XIX que inspiró sus «Memorias de un hombre de acción», un pensamiento turbador: «No hay pueblo que pueda tener un gobierno de hombres justos. Tendría que haber un medio social sano, cuerdo, en perfecto equilibrio. Es decir, que para sostener una utopía habría que inventar otra».
El pesimismo antropológico, político, social, no es, pues, exclusivo de la derecha, si bien ésta vive y se nutre de él, negando y aborreciendo toda utopía. Hoy se debate en el Congreso de los Diputados sobre el estado de la nación, y pues en la Carrera de San Jerónimo el debate siempre nace del sectarismo y muere, paradójicamente, en el corporativismo más cerrado y atroz, poca dilucidación puede esperarse de los asuntos que nos afligen. No obstante, y dando por sentado y probado que el actual no es un Gobierno de hombres justos, los paisanos podríamos preguntarnos por nuestra cuenta qué tal andamos de salud moral, de cordura y de equilibrio.
De los gobiernos, y de los políticos en general, no cabe esperar que le digan a la gente lo que no quiere oír. Incluso el ejecutivo de Rajoy, que le hace a la gente lo que ésta no quiere que le hagan, elude la transcripción de las sevicias al lenguaje oral. Sin embargo, y pues la perfidia o la marcianidad de los gobernantes tienen bastante que ver con los votos de la gente, debiera ser ella quien se lo hiciera mirar y debatiera de veras, a calzón quitado, sobre el estado de la nación que compone y sobre la nación misma.
Así, por ejemplo, y por mencionar sólo una de las últimas sandeces nacidas en el «medio social», ¿hay algún adarme de salubridad, de cordura y de equilibrio en el hecho de que el 70% de los usuarios del automóvil valoren más la «conectividad» del vehículo que su mecánica, su robustez o su seguridad? ¡Conectividad! Que los coches sean la prolongación del paupérrimo mundo del WhatsApp y de todas las majaderías tecnológicas con que se le saca los cuartos a la gente. Aunque se estrelle y se mate uno con la distracción.
En el pesimismo lúcido de Baroja/Aviraneta hay, por lúcido precisamente, un fondo de esperanza loca: ¿Por qué no ir a por dos utopías, si es menester? A juzgar por el estado de la nación, lo mismo habría que ir a por media docena.

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