A vueltas con España – Escasa profundidad ante la crisis.


MADRID, 1 (OTR/PRESS)

En el debate sobre el estado de la nación, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, dio por acabada la crisis en España, al tiempo que anunció algunos estímulos al empleo. En síntesis, eximió del IRPF a salarios de menos de 12.000 euros y aplicó una tarifa plana de 100 euros para la cotización a la Seguridad Social en los nuevos contratos fijos. Poca cosa, en realidad, porque la medida del IRPF beneficiará a contados contribuyentes por primera vez y la cuota por empleado, una vez hechos todos los deberes, sube con creces de los 100 euros, ya que también incluye otros conceptos.
Visto con perspectiva, este tipo de anuncios son apenas anécdotas en el conjunto de la crisis española. En realidad, por muchos ajustes internos que se hagan -reestructuración financiera, reforma laboral y ajuste del gasto público-, será difícil que España pueda salir a flote sin una reforma fiscal y sin una nueva política europea, hoy por hoy en manos de Alemania.
La alternativa a nuevas subidas de impuestos sería perseguir el fraude y la evasión de capitales, ya que si se evitasen ambos fenómenos la recaudación fiscal prácticamente se duplicaría, pero los resultados son modestos en ese sentido.
El fraude fiscal se concentra en grandes grupos empresariales, empresas transnacionales y en grandes fortunas personales. Las profesiones liberales o de servicios, en las que tan frecuentemente se fija la desconfianza de los ciudadanos, serían responsables de entre un 20 % y un 10 % aproximado de ese fraude.
Algo debe estar haciéndose mal cuando, por ejemplo, los gigantes tecnológicos eluden con ingeniería fiscal tributar en España. De hecho, empresas como Apple, Microsoft o Amazon, que facturan miles de millones, apenas pagan a Hacienda.
Santiago Lago, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Vigo, sostiene que España invierte poco en gestión tributaria -«de hecho, los que menos personal atesoramos teniendo en cuenta el tamaño de nuestro país»- y que padece una enorme economía sumergida, equivalente a la quinta parte de la oficial. Pero a Rajoy le interesa más enredar a la Oposición y a los contribuyentes con otros asuntillos.

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