Más que Palabras – El PSN y la dimisión


MADRID, 7 (OTR/PRESS)

Tras cinco horas de reunión, por 80 votos a favor y 45 en contra y siete abstenciones, los socialistas navarros han acordado finalmente no continuar con la pretensión de su dirección de echar a Yolanda Barcina, apoyándose en Bildu para el empeño. El líder de los socialistas navarros Roberto Jiménez estaba decidido a ir a por todas, quería una moción de censura sí o sí y le importaba un «pito» tener de compañeros de viaje a los proetarras. Sin embargo la dirección de Ferraz se lo había dicho por activa y por pasiva aunque el quería hacer oídos sordos y de ahí que ahora su liderazgo haya quedado muy debilitado y entredicho.
En las dos últimas semanas he entrevistado para El Mundo a Elena Valenciano y Soraya Rodriguez y las dos de una manera rotunda sin ambages, medias palabras o concesiones a la galería me decían que no habría pacto con Bildu ni nada que se le pareciera: «Nosotros no vamos a pactar, ni acordar, ni hablar nada con Bildu. El asunto no está entre Bildu y el PSN, lo importante es aclarar las gravísimas acusaciones que recaen sobre el gobierno de Barcina, al que se acusa de haber intentado meter la mano en la Hacienda foral. No vamos a pactar nada con Bildu, pero tampoco Bildu puede ser un escudo protector para que Barcina no dé explicaciones y asuma responsabilidades de confirmarse las acusaciones» me comentaba la número dos del PSOE, y en similares términos se pronunciaba la portavoz parlamentaria.
La cosa entre Ferraz y el PSN se tensó hasta tal punto que o se imponía el criterio de Rubalcaba o los riesgos eran demasiados grandes en puertas de una cita electoral. De hecho era un secreto voces que si hubiera incumplido la orden de Madrid sí habría dado un golpe definitivo al asunto, incluso se planteó la posibilidad de montar una gestora para llevar al partido en Navarra hacia un congreso extraordinario. Al final no ha habido que llegar a esa medida extrema y Rubalcaba ha hecho bien en dejar claro que el PSOE es un partido nacional que debe de actuar como tal, cuando algunos «Barones» se limitan sólo a mirarse su pequeño ombligo local.
El secretario general de Navarra Roberto Jiménez se ha equivocado de parte a parte en la estrategia y de ninguna de las maneras ni era el momento ni era el lugar de plantearle un pulso Rubalcaba, y menos con amistades peligrosas. «El PSOE en Navarra soy yo» llegó a proclamar poniendo en evidencia no sólo que es un egocéntrico sino que no tiene un concepto claro de lo que significa su partido a nivel nacional. Con las europeas a la vuelta de la esquina una alianza con Bildu hubiera sido un arma electoral de primera magnitud para sus adversarios y un desgaste absurdo e innecesario.
Además, el navarro ha conseguido una paradójica cuadratura del circulo: que se hablé más de sus discrepancias con Rubalcaba que del origen de la cuestión y ha dado a Yolanda Barcina una importante baza que ella ha sabido manejar hábilmente. Si en este país los políticos alguna vez asumieran sus responsabilidades cuando cometen errores, este señor se tendría que ir y debería haber puesto inmediatamente su cargo a disposición del partido porque la dimisión es la única salida honrosa que le queda después de la metedura de pata. Por contra ha optado por «sosténella y no enmendalla» y ha evidenciado que el PSN está roto y abocado a una fractura total que pone en entredicho la estabilidad del partido en esa tierra. No es una cuestión menor que el sector crítico presentara una propuesta, que no fue admitida para su votación, en la que exigía la división de Jiménez «por su caudillismo extemporáneo y antidemocrático al atribuirse el personalismo de el era el PSOE». Claro que el, ha optado por el mantenerse en el machito, aunque su honra haya quedado por los suelos. Muy propio de la clase política de este país

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