Fermín Bocos – La otra conspiración


MADRID, 10 (OTR/PRESS)

El tiempo es el verdadero juez de las cosas de este mundo. Pone a cada uno en su sitio. 10 años después de los atentados del 11M -191 muertos, más de 2.000 heridos: el mayor crimen terrorista perpetrado en España- la memoria de lo ocurrido en los trenes de cercanías y en la estación madrileña de Atocha incorpora como recuerdo para la Historia lo sustancial de las conclusiones de la sentencia del tribunal que juzgó los hechos.
Fue una conspiración: los atentados los perpetraron terroristas yihadístas. Asesinos fanáticos. Hasta uno de los medios que durante años -con otra dirección- estuvo días y meses alimentando la teoría de una conspiración ajena y anterior a la del grupo de islamistas fanáticos ha reconocido que pudo haberse equivocado al propalar como verdad lo que no han sido más que conjeturas orientadas a dar por buena la hipótesis de que el atentado habría sido obra de la organización terrorista ETA… ¡con el auxilio de policías, jueces y agentes de los servicios de información y la connivencia de algún dirigente socialista!

Y así durante meses y aún años, insidia, tras insidia, pese a las evidencias aportadas en su día por la investigación policial y las posteriores actuaciones judiciales. Con una sentencia de hechos probados y con condenados a cientos de años de prisión.
Que uno de los condenados (Trashorras) haya declarado que tras el atentado habló de la ETA pero fue -las palabras son textuales-: «para sembrar confusión», es irrelevante para quienes siguen vendiendo la versión «gore» del atentado. Todavía hoy, 10 años después, siguen intoxicando. Creando zonas de sombra a partir de la humana limitación de los investigadores para allegar respuestas a todos los interrogantes que genera una cadena de atentados como la del 11 M.
Dificultades para atar todos los cabos y dar respuesta a todas la preguntas visto que los siete que en el sumario aparecían señalados como autores materiales de los atentados murieron en la voladura del piso de Leganés. Los pocos abonados que le quedan a la teoría de la conspiración siguen haciendo bueno aquel dicho -dicen que argentino- según el cual hay periodistas que jamás dejan que la verdad les arruine un buen reportaje. Ya se sabe que el pulso entre realidad y ficción siempre lo gana la ficción. Para el caso una buena conspiración. La otra.

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