Francisco Muro de Iscar – Pensadores ¿españoles?


MADRID, 2 (OTR/PRESS)

La revista británica Prospect está cerrando su lista anual de los pensadores más influyentes y, sorprendentemente priman los economistas sobre los filósofos, los científicos y los hombres de letras. Tengo que contenerme para no contar cualquier chiste de economistas, pero parece un contrasentido que quienes han sido incapaces de adivinar que venía la crisis, de hacerla frente y de encaminar al mundo hacia un futuro sostenible -una palabra que encanta a la casta- sean los grandes pensadores de esta era. Y es incomprensible que entre ellos estén presidentes o altos cargos de instituciones que se han equivocado en casi todos sus pronósticos o han llevado a la ruina a más de un país, como la presidenta del FMI, el economista jefe del Banco Mundial, el ex secretario del Tesoro de Estados Unidos o personas que tienen que demostrar casi todo, como la nueva presidenta de la Reserva Federal, y hasta Pascual Lamy, ex director de la Organización Mundial de Comercio que no consiguió llevar a término -aunque no fue su culpa- el acuerdo imprescindible para quitar barreras al comercio mundial.
Que sea, posiblemente, el Papa Francisco quien encabece la lista de este año sustituyendo al científico ateo Richard Dawkins es otro dato para la sorpresa pero priman factores tan poco comunes como la coherencia y el sentido común, la cercanía a los problemas reales del hombre normal y a sus sentimientos sobre los intereses de los mercados. En la lista, además de los economistas que son casi la mitad, hay filósofos, activistas, teóricos de la tecnología (sólo dos en una sociedad que es y será sobre todo tecnológica), y un solo empresario. Hay 28 hombres y 22 mujeres. Americanos, británicos, franceses, indios, sobre todo, y representantes de otros quince o dieciséis países -Alemania, Italia, Eslovenia, Israel, Corea, Nigeria…- entre los que no se encuentra España.
Ni un solo español, economista, físico, filósofo, humanista o lo que sea figura en esa lista. Un país que no sabe lo que es ni dónde va, necesita pensadores y filósofos que ayuden a entender el presente y el futuro, que hagan preguntas y den respuestas sobre las raíces y los objetivos comunes. Un país que tiene seis millones de desempleados necesita técnicos capaces de prever el futuro, investigadores y tecnólogos capaces de liderar el desarrollo tecnológico y políticos -por cierto, tampoco hay ni uno sólo en la lista de Prospect y mejor que no vengan a buscarlo entre nosotros- que sean capaces de facilitar el trabajo de filósofos, técnicos, educadores, investigadores y emprendedores.
Pero aquí estamos a otra cosa. A que alguien se le ocurra que hay que pagar por usar «mal» las urgencias médicas de los hospitales porque, seguramente, es mejor que no vayan y se mueran en casa. O poner todas las barreras posibles para que los ciudadanos no puedan defender sus derechos ante los tribunales y así descongestionarlos. Los políticos españoles han quitado del Bachillerato la Filosofía y deciden por nosotros para que no se nos ocurra pensar. Lejos de nosotros la funesta manía. De nuevo.

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