Fermín Bocos – El fin del bipartidismo


MADRID, 21 (OTR/PRESS)

Todo llega. Hasta lo que parecía imposible: la quiebra del bipartidismo. El final de la hegemonía política de los dos grandes partidos (PP y PSOE) que durante treinta años se han turnado en la gobernación de España. Así lo indican las encuestas realizadas en razón de la cita electoral del próximo 25 de mayo. Ya se sabe que la única encuesta válida es la que sale de las urnas, pero la tendencia es significativa. Y tiene varias explicaciones. Habría que considerar que siendo verdad (Andreotti «dixit») que el poder desgasta -sobre todo a la oposición-, no es menos cierto que una parte importante de los ciudadanos vota no tanto en función de afinidades políticas como de premio o castigo a la forma de gobernar.
Ahí es donde el PP, ahora en el Gobierno y el PSOE, todavía en la memoria (Zapatero), pierden apoyos a ojos vista. La falta de carisma de los actuales líderes de los dos grandes partidos (Rajoy y Rubalcaba), también contribuye a la resta de apoyos, pero influye más lo que podríamos llamar la «fatiga popular», el cansancio de los ciudadanos respecto de la alternancia. Muchos años y las mismas caras. Y parecidos escándalos relacionados con casos de corrupción. En un escenario como éste no es sorprendente que Izquierda Unida y UPyD crezcan -y mucho- en los sondeos de intención de voto. Luego habrá qué distinguir entre lo que puede significar un voto de castigo sin riesgo, a modo de aviso a navegantes, porque hablamos de unas elecciones al Parlamento Europeo que no cambian gobiernos, y lo que parece anunciar una tendencia.
Tendencia en este caso a finiquitar el bipartidismo que hemos conocido a lo largo de los últimos treinta años: veinte con gobiernos socialistas y diez, camino de doce, con el PP. La rareza que supone que los partidos nacionalistas (minoritarios en votos, voraces en exigencias) hayan sido la bisagra para tantos y tantos enjuagues políticos podría estar en trance de corrección sin necesidad de cambiar la Ley electoral.
Si IU o UPyD llegaran a alcanzar los dos dígitos, el Congreso de los Diputados cambiaría de música. Y algunos días hasta de letra, vistas sus posiciones políticas. Parafraseando a Voltaire (él se refería a la religión, nosotros traemos aquí la cita a cuenta de la política), bien podría decirse que: un solo partido es la intolerancia, dos, la guerra política, tres o más, la libertad. Las urnas tienen la última palabra. Veremos qué es lo que deciden los ciudadanos.

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