Los errores del israelí Netanyahu


MADRID, 24 (OTR/PRESS)

Resulta un tanto hipócrita que el Primer Ministro de Israel Benjamín Netanyahu se eche las manos a la cabeza porque Mahmud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina, ha decidido llegar a un acuerdo con Hamás para celebrar elecciones conjuntas dentro de unas semanas y mientras tanto ser él quién lidere la causa palestina.

Y escribo que es hipócrita la reacción de Netanyahu porque es precisamente su inmovilismo el que ha terminado de echar a Abbas en los brazos de sus hasta ahora enemigos, los hombres de Hamás.

No diré que me ha sorprendido la decisión de Mahmud Abbas, porque acabo de regresar de un viaje por Israel y Palestina y he podido palpar sobre el terreno el hartazgo de los palestinos de Cisjordania por el inmovilismo de Israel. Pero además las críticas hacia su líder Mahmud Abbas también han ido creciendo porque algunos de los suyos creen que se ha mostrado demasiado paciente con el Primer Ministro israelí Netanyhau.

Lo cierto es que las conversaciones de paz propiciadas por John Kerry están estancadas desde hace demasiado tiempo por más que el Secretario de Estado de Obama venga intentado que las dos partes den algún paso significativo hacia el acuerdo.

Para la Administración Obama supone un revés que el presidente Abbas haya optado por el entendimiento con Hamás, ya que esta organización es considerada una organización terrorista por la mayoría de las instituciones internacionales, amén de que no reconoce el Estado de Israel y sus dirigentes continúan clamando que no pararan hasta destruirlo.

Con el acuerdo entre las dos facciones palestinas se reduce el margen de maniobra de John Kerry y todo indica que una vez más aumentara la tensión en la región por si no fuera suficiente la guerra civil en Siria.

Lo que he vuelto a constatar en mi viaje a Israel y Palestina es que continúan sobre la mesa tres handicaps que no deberían de ser insuperables y que lógicamente dependen de los deseos de los unos y de los otros de llegar a un acuerdo. Jerusalén es uno de ellos.

Para los palestinos Jerusalén es irrenunciable lo mismo que para Israel que la tiene como capital. Además la ciudad ha ido creciendo fuera de sus viejos muros, y está rodeada de asentamientos. Seguramente hoy Jerusalén es una ciudad más judía de lo que lo haya sido nunca.

Otro problema es el regreso de los refugiados. Israel no quiere un retorno masivo de manera que israelitas y palestinos no terminan de ponerse de acuerdo con el número. Y un problema sustancial es el de la fijación de fronteras. La Autoridad Palestina reclama que Isarel regrese a las fronteras de antes de la guerra del 67 pero para los israelitas esto es inasumible.

Son tres problemas políticos pero no irresolubles y que tienen solución naturalmente cediendo ambas partes. Pero el quid de la cuestión es que Benjamín Netanyhau no parece tener el más mínimo interés en lograr un acuerdo de paz porque ha continuado con su política de asentamientos ilegales reduciendo cada vez más el territorio que debería ser parte del Estado palestino.

El Primer Ministro de Israel viene haciendo políticas en dirección contraria al de la paz, como si creyera que a Israel le basta con el actual status quo y no necesitan dar ni un paso más. Creo que Netanyahu al minimizar la fuerza de su adversario está cometiendo un error garrafal. Israel necesita la paz aún más que los palestinos. Su política de asentamientos ilegales es un error imperdonable que ha puesto contra las cuerdas al Presidente de la Autoridad Palestina que hasta ahora era un interlocutor razonable para Israel.

No se puede arrinconar a nadie sin darle ninguna salida y eso es precisamente lo que ha hecho Benjamín Netanyahu con Mahmud Abbas. Lo malo es que la factura de sus errores y despropósitos la pagan otros, los palestinos los que más, pero también los israelíes.

Y es que en este viaje también he podido constatar que cada vez hay más gente que defiende sin reparos que ha llegado la hora de la paz y critican con acritud las políticas de su Gobierno. Son una minoría creciente, pero desafortunadamente por ahora continúa siendo Netanyahu quién tiene la sartén por el mango.

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